SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

Reflexionando y orando

Oración colecta

Dios de misericordia infinita, que reanimas, con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendamos mejor: el bautismo que nos ha purificado, el Espíritu que nos ha hecho renacer y la sangre que nos ha redimido. Por Jesucristo nuestro Señor.

Pedro Ruiz Verdú OFM

La Resurrección de Jesús es la extraordinaria manifestación del amor misericordioso de Dios. Por eso acudimos a su misericordia infinita porque la fe nos dice que la misericordia de Dios no falla. Las fiestas de Pascua nos lo han manifestado, pues una de las finalidades de estas fiestas es el crecimiento de la fe del pueblo a Dios consagrado. Este pueblo somos nosotros.

Lo que a Dios le pedimos es precisamente que comprendamos qué ha sido para nosotros, bautizados, el bautismo, qué dones nos ha dado Dios en él. Porque comprender el bautismo, conocer lo que significa y exige para llevarlo a la práctica es don de Dios, con el cual tenemos que actuar. Para ello tenemos necesidad del Espíritu que también se nos da. El Espíritu Santo nos hace hijos de Dios, creando en nosotros un talante nuevo, el propio de los que han sido redimidos por la sangre de Cristo Jesús y aceptan su enseñanza.

Estos son los tres sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y Eucaristía.

Dios Padre nos conceda, por su Hijo, lo que le pedimos.

 

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