X DOMINGO (A)

                          Del Evangelio de Mateo 9,9-13

 

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: « ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

 

1.- Para entrar en el Reino es necesario situarse en una perspectiva divina; es decir, captar que es un don o una gracia que nace de la explícita bondad de Dios hacia su criatura, y que excluye cualquier mérito al que deba Dios recompensar, o un deber de Dios frnte a un derecho humano. Por eso, «quien no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él» (Mc 10,15). Y por otra parte, es necesario en la práctica el cumplimiento de la voluntad divina frente a las actitudes que hacen el mal.Como leíamos el domingo pasado: «No todo el que me diga “¡Señor, Señor!” entrará en el Reino de Dios, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre del cielo» (Mt 7,21; Lc 6,46). De lo contrario, «los publicanos y las prostitutas» les precederán en el Reino porque creyeron en Juan mientras ellos, —los fariseos y los maestros de la ley, los buenos— han sido incapaces de realizar la más mínima penitencia ante su predicación (Lc 7,29-30; Mt 21,32). Es necesaria una conversión que conduzca a un más allá de la ley del AT y a un situarse por encima de ella. Jesús se refiere con esto a la práctica del amor como eco histórico de la relación amorosa que Dios ha establecido desde siempre con su criatura y ahora con Jesús más intensamente. Este amor es el que introduce en la dimensión divina y, por tanto, crea las disposiciones para entrar en el Reino y disfrutar de él: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 5,20).

 

2.- El perdón de Dios, que alcanza a todos, porque todos necesitan de él (Lc 13,3.5), hace que el Reino se integre por gente que sabe y experimenta la misericordia divina. Por consiguiente, Dios espera que este «mundo» perdonado actúe de la misma forma con los demás: —«…perdónanos nuestros pecados como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Lc 11,4; Mt 6,12)—, y evite el juicio: —«Cuidado con lo que oís: la medida con que midáis la usarán con vosotros y con creces» (Mc 4,24par)—, para que Dios pueda emitir su juicio salvador. Esto debe llevarlo a la práctica la Iglesia como su ser esencial y su imagen social. Y es sumamente importante que así sea, para evitar los perfiles que reflejan actitudes inquisitoriales, o exigencias que ya nadie cree ni practica.

3.- Todos somos pecadores si comparamos nuestra vida con el amor que Dios nos tiene: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único………» (Jn 3,16). Pero el anuncio de Jesús hace también que, al sentirnos pecadores con relación a la inmensa bondad de Dios, nos sintamos en paz, porque tenemos a un Padre/Madre capaz de seguir acogiéndonos y de defender nuestras vidas de todas las actitudes exteriores e interiores que nos alejan de Él y de los hermanos.

 

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.