EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO (A)

                       

Del Evangelio de Juan 6,51-59.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

1.– Jesús obra el milagro o signo de la multiplicación de los panes (cf Jn 6,1-14), y a continuación Juan presenta el discurso del pan de vida, que termina con la Eucaristía.  Jesús dialoga en Cafarnaún con los galileos, cuyas expectativas del futuro salvador de Israel entrañan la donación al pueblo de los bienes materiales que sustentan la vida. Por eso quieren hacerle rey, lo que le obliga a huir (cf Jn 6,15). Entonces Jesús cambia de tercio y les ofrece su vida, su sentido de vida,  como alimento. El párrafo propone tres claves para tener en cuenta: 1ªJesús es «el pan vivo bajado del cielo»: la vida de Dios, que es la vida eterna; 2ª «el que coma de este pan vivirá para siempre»: Jesús es el Logos en la historia, es la revelación de Dios en la creación, es la vida divina entre nosotros; 3ª «el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»: la vida del mundo es la vida de Jesús en su desarrollo concreto en Palestina; sus actitudes básicas, sus hechos humanizadores y, como tales, salvadores, son los que alimentan y sostienen nuestra existencia.

2.– Jesús alimenta la vida humana porque ha vivido y se ha entregado hasta la muerte en cruz por sus hermanos. El servicio, como la máxima expresión del amor del Señor a sus criaturas, lo ha llevado Jesús hasta el extremo y es su señal de identidad y la de sus seguidores en medio de todas las culturas que ha generado la humanidad a lo largo del tiempo. Nosotros, bautizados en su nombre, comiendo su carne y bebiendo su sangre, continuamos la obra salvadora del Señor en Jesús en la medida que generamos vida, la defendemos y la llevamos a su plenitud. Este amor que se entrega hasta el límite de dar la vida, es el que celebramos cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día en todas las partes del mundo. De esta forma los cristianos nunca podremos olvidar, y todos los demás hombres podrán un día comprender que la vida está en dejarse comer por amor, como Jesús.

  1. El tesoro que guarda la Iglesia es la Eucaristía. Ella es su centro y culmen de relación con Dios y con todos los hombres. Porque la Eucaristía es Jesús como Palabra del Señor encarnada (cf Jn 1,14), la que escuchamos como alimento de nuestra vida. La Eucaristía es hacer presente el sentido de vida de Jesús, que da su vida por sus amigos (cf Jn 15,9-17). Y hacemos memoria de ello y lo celebramos. Unimos a Jesús nuestros gestos, nuestros actos, nuestras actitudes que favorecen la vida de los demás, y, a la vez, en la Eucaristía reconocemos, fortalecemos y pedimos que se siga ampliando nuestro servicio para beneficio de nuestros familiares, de nuestros amigos, de nuestras funciones sociales.- Cuando adoramos al Santísimo, estamos adorando al Señor que no duda en darnos a su Hijo para que vivamos; cuando tenemos la forma consagrada ante nosotros, estamos adorando a Jesús que nos enseñó a vivir y a morir por amor; cuando exponemos la Custodia que contiene el pan consagrado, estamos reconociendo como salido de las manos del Señor el pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.

 

 

 

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