XII DOMINGO

Del  Evangelio de Mateo 10,26-33.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: «No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

 

 

1.- Jesús les avisa de estas situaciones: los envía «como ovejas entre lobos» (Mt 10,16). Ellos no deben contestar a tales incomprensiones. Prohibida la ley del talión para sus relaciones, su comportamiento debe ser de un amor sin límites (cf Mt 5,43-48) y proseguir, sin más, su trabajo (cf Mt 10,23). El final será siempre de Dios: «Dichosos cuando os odien los hombres y os destierren y os insulten y denigren vuestro nombre a causa de este Hombre. Saltad entonces de alegría, que vuestro premio en el cielo es abundante» (Lc 6,22-23).

 

2.– Así debe autocomprenderse la Iglesia: protegida, defendida, querida, cuando su fe y misión se fundamenta en Dios y en el envío de su Señor Jesucristo. Jesús llama a unas personas para mantener una relación de comunión con ellas bajo los criterios de una nueva familia. Dios Padre es el fundamento de la comunidad y el que señala a Jesús como guía y maestro. Les enseña para que adquieran una actitud de confianza y fidelidad total, que se expresa en la obediencia radical a su voluntad, y se alimenta con la oración. La disponibilidad a la llamada se concreta con el acompañamiento y ayuda a Jesús en el anuncio del Reino: Dios interviene de una manera gratuita y definitiva en la historia. Los cristianos debemos mostrar el nuevo rostro de Dios con la palabra, con obras y testimonio de vida, desde el Papa hasta el último enfermo o anciano que imparte una sonrisa o un consejo de amor.

 

3.-  Jesús nos enseña que debemos ser testigos del amor misericordioso que élproclama y revela con su vida. Y la potencia divina que transmite Jesús en la proclamación de ese amor es más fuerte que las convicciones y prácticas de sus adversarios aferrados a la Ley. Sus discípulos no deben temer ni por su integridad física, porque Dios es el Señor de toda vida, ni por la vida eterna, de la que también Dios es Señor, que la puede regalar o negar. Si hay peligro de que nos la niegue, sí habrá que tener miedo. Con esta conciencia y convicción los cristianos debemos caminar por la historia con la paz interior de que nuestra vida está bendecida, sostenida y salvada por el Señor: nuestro Creador, providente y Salvador.

 

 

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