Ecología franciscana. Raíces de la Laudato Sí

 

Martín Carbajo Núñez

 

Bernardo Pérez Andreo

 Laudato Si’ es el documento social del Magisterio que va a cambiar el paradigma católico en lo que hace a la percepción de la Naturaleza y su relación con los hombres. Hasta ahora, aunque es cierto que atenuado, vivíamos en un paradigma dualista que entendía al hombre como un ser separado del resto de la naturaleza mediante lo que algunos autores denominan la tesis de la excepción humana. Esta tesis establece un dualismo óntico y otro ontológico. El dualismo óntico se establece en tanto existen dos órdenes de seres: los racionales, el hombre, y los irracionales, los animales. Entre ambos órdenes hay un abismo determinado por la propia creación de Dios o, si es el caso de científicos no creyentes, por la propia evolución. A esta separación neta se une la diferencia que existe dentro del propio orden del ser. Es el dualismo ontológico que separa lo corpóreo o material de lo espiritual. Esta tesis ha infectado tanto el pensamiento cristiano como su teología y en buena parte somos deudores de ella en la configuración de la dogmática católica. Como no podía ser de otra manera, este dualismo se extiende a la concepción de la Doctrina Social en lo referente a las relaciones con el mundo natural, reforzado por una mala exégesis de los primeros capítulos del Génesis: creced, multiplicaos y dominan la tierra, se ha entendido como un mandato de dominio y no como un servicio de guarda y custodia.

Pues bien, este paradigma dualista es el que el Papa Francisco ha superado con su encíclica sobre el cuidado de la casa común. La Naturaleza es entendida, en la línea de San Francisco, como una hermana a la que cuidar y de la que maravillarnos cada día, no como una sirvienta a la que podamos explotar inmisericordemente. La ecología integral que propone es una referencia a romper con nuestros modos de comprensión del ser humano en el medio natural. El ser humano es entendido desde una estructura relacional y no esencialista, superando así el pensamiento griego que tan presenta está dentro del paradigma dualista. El hombre es un ser en relación, es persona, y como tal está constituido por cuatro relaciones fundantes: la relación con el otro concreto, la relación con los otros en tanto comunidad o grupo, la relación con lo otro, con el medio natural y la relación transcendente con El Otro. Ser persona es ser en relación, de ahí que la relación ecológica sea un fundamento esencial, no accidental, de ser hombre o mujer. Este planteamiento de Francisco hunde sus raíces en el pensamiento franciscano y eso es lo que Carbajo Núñez ha puesto de manifiesto en esta preciosa obra.

La intención declarada por el autor es presentar la visión franciscana que subyace a Laudato Si’. Por tanto, el libro asume una visión integral de la ecología y desde ahí analiza los retos y desafíos éticos globales, poniéndolos en relación con la vivencia de San Francisco de Asís y la tradición franciscana. Para ello, la obra asume el pasado como inspiración para abordar los problemas del presente y dar soluciones para el futuro. No es casualidad que el santo de Asís sea el patrono y referente de los ecologistas. Su visión integradora de la realidad del mundo y su amor por todas las criaturas le llevaron a una concepción que es la expresión del Evangelio en su prístina pureza.

La obra consta de cuatro capítulos, organizados cada uno de ellos en función de los temas que nuclean los principios de la reflexión ética franciscana: libertad, gratuidad, fraternidad y bien común. Con estos cuatro principios puede abarcarse todo el elenco de problemáticas que la ecología nos presenta hoy y las respuestas que desde la perspectiva del poverello podemos hacer hoy y que el Papa Francisco recoge en la encíclica. Para ello, en el primer capítulo, Un mundo inmisericorde, sin bienes relacionales, el autor toma como referencia la reflexión de la encíclica para identificar los más inquietantes desafíos éticos del mundo globalizado. Realiza una presentación de las corrientes de ética ambiental que intentan responder al problema de la sostenibilidad medioambiental del ecosistema. A esta perspectiva se suma la visión específicamente cristiana y se analizan las causas de la actual crisis medioambiental, subrayando la necesidad de superar el paradigma tecnocrático.

En el segundo capítulo, Francisco de Asís, modelo de ecología integral, se presenta al santo como modelo e inspirador de un modo radical de afrontar la actual crisis medioambiental. Hace notar el autor que la cosmovisión de la época de Francisco era muy distinta a la nuestra y que entonces tampoco existía el tipo de degradación del medio natural que ahora vivimos. Sin embargo, la actitud vital de Francisco está muy lejos del antropocentrismo que verá la naturaleza como pura materia neutra, plenamente disponible para que el hombre la modele a su antojo, sin atender a más criterios que el interés propio. Francisco ve al hombre con la obligación de cuidar y proteger la naturaleza, no solo como el mayordomo encargado de vigilar la propiedad ajena, o como un arrendatario, que se limita a cumplir lo acordado. Francisco va más allá. Él no se siente ni dominador ni mayordomo, sino hermano. Ama a todas las criaturas porque se reconoce unido a ellas y eso es lo que le lleva a sentirse emparentado con las criaturas y a una ecología más profunda.

El capítulo tercero, Tradición franciscana, bases para una ética ambiental, estudia cómo la tradición franciscana formula en términos filosóficos y teológicas las intuiciones del fundador. Especialmente se centra el trabajo en Buenaventura y Duns Scoto, sus representantes más significativos. Desde ellos, se afirma con la tradición del seráfico que la creación es obra de una voluntad amorosa. Todos los seres son buenos porque han sido queridos por Dios, llamados por su nombre, elegidos gratuitamente entre los muchos posibles. Los franciscanos dan prioridad a los singular, a lo concreto e individualizado, recuperando la admiración ante el misterio de cada ser, único e irrepetible. Desde esta perspectiva, todos somos hermanos, hijos del mismo Padre y nacidos en la misma casa. En lugar del interés egoísta, los franciscanos proponen el inter-esse, es decir el “estar-con”, fraternalmente.

El último capítulo está dedicado a delimitar las líneas de acción para afrontar la crisis medioambiental: Reconciliación y reconstrucción de la gran familia cósmica. La obra se torna propositiva en este capítulo, de modo que busca el fundamento religioso, antropológico y ético a las posibles respuestas a la crisis. No pretende ofrecer soluciones técnicas, sino esbozar los criterios éticos que deben guiar la reconstrucción de las relaciones familiares en la casa común. Por tanto, el libro que nos presenta Martín Carbajo, parte de la convicción de que la crisis ecológica es una crisis de familia, pues todos formamos una gran familia, de ahí que necesitemos sentirnos como hermanos entre nosotros y con la naturaleza para tomar las decisiones que cambien, que transformen nuestro mundo y lo hagan plenamente humano, un mundo de hermanos, pues “en la gran familia cósmica, nada ni nadie es superficial o accesorio. Formando parte de esa enorme y tupida red de relaciones, estamos llamados a fortalecer los lazos familiares y misericordiosos, mientras caminamos juntos hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (Ap 21, 1)”.

 

Arantzazu, Oñati 2016, 309 pp, 13,5 x 21 cm.

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