DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

Reflexionando y orando

Oración colecta
Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar tus preceptos y esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes allí donde están los gozos verdaderos.

Pedro Ruiz Verdú OFM

La oración comienza con una afirmación dirigida a Dios y que Él solo puede realizar: unir nuestros corazones en un mismo deseo, como lo tenían los primeros cristianos. Unidos por el querer de poseer los mismos bienes divinos, a una sola voz e iluminados por la fe, nos dirigimos a Dios Padre para que a todos nos conceda los mismos bienes del Espíritu: en primer lugar, amar sus preceptos, porque el amor fortalece e ilusiona y da firmeza a nuestro corazón.
El amor tiene inherente unos bienes que se esperan alcanzar. Por eso, le pedimos también que nos conceda vivir en la esperanza de que un día poseeremos lo que nos ha prometido.
Muchos atractivos nos presenta la vida, los cuales atraen nuestra atención y nuestros deseos. Y, por eso, le decimos que, no obstante las alternativas favorables o desfavorables, nuestro corazón no se desvíe del verdadero camino.
Señor Jesús, tu misericordia es eterna;
no nos abandones, somos la obra de tus manos.
Y nosotros creemos que tú eres el Hijo de Dios vivo.

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