DE LA FE, LA RELIGIÓN Y LA RAZÓN

F. Martínez Fresneda OFM

La fe, toda la fe, que capta la razón o en la cual se deja ver Dios, naturalmente parte de Él, se puede racionalizar. La tradición cristiana y franciscana, al menos es lo que entiendo, es que la razón en sí misma está abierta a la fe, y la fe usa la razón como uno de sus canales (como el sentimiento, el afecto, la experiencia, etc.). Ni la fe se reduce a la razón, ni la razón puede abarcar a toda la fe como una de las sedes de Dios (como son la creación, la humanidad en sí misma, la historia, etc.).

La separación habida entre fe y razón en el ámbito político, sociológico y científico no es una cuestión de incompatibilidad entre ambas, sino del poder social que la religión (que no la fe) tuvo en ciertas cuestiones que afectaron negativamente al hombre (p.e. en la libertad, la economía, la democracia). Entonces la cultura europea se sacudió a la Iglesia como garante de una religión (repito, que no la fe) para buscar nuevos aires en los que la convivencia social y la investigación científica fuera mejor.
Porque una fe sin razón cae en el fundamentalismo; una razón sin fe (naturalmente cristiana) en la ideología. Y no sé que es peor de las dos, porque ninguna de ellas hace posible la libertad, que está inscrita en la misma esencia de la razón (entendimiento) y en la fe (revelación de Dios en Cristo). Ni las creencias en sí mismas, ni las ideologías, ni la razón instrumental (cientismo) dan cabida a la libertad, y sin libertad no hay Dios, porque no se puede dar el amor, cuya experiencia es la que objetiva la razón y hace viva la fe.

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