SANTOS Y BEATOS, DEL 1 AL 4 DE OCTUBRE

 

1 de octubre


Teresa del Niño Jesús (1873-1897)

Santa Teresita nace en Alençón (Normandía. Francia) en el año 1873. De joven lleva la vida de carmelita en el convento de Lisieux. Vive en clausura la evangelización del mundo. Ofrece su vida por la salvación de los hombres. Muere el 30 de setiembre del año 1897.
Común de Vírgenes
Oración. Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de Santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

2 de octubre


Ángeles Custodios

San Francisco escribe: «Alábenlo al glorioso los cielos y la tierra. Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos. Y toda criatura, que hay en el cielo y sobre la tierra y las que hay bajo la tierra y el mar y las que hay en él (Ap 5,13): Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos» (AlHor 7-8).
Oración. Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo.

3 de octubre


Hipólito Galantini (1565-1619)

El beato Hipólito Galantini, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Florencia (Toscana. Italia) el 12 de octubre de 1565 en el seno de una familia artesana. Se hace tejedor de paños. Alterna su trabajo con la educación religiosa de los jóvenes abandonados o pertenecientes a familias desestructuradas. El cardenal Alejandro de Médicis, después papa León XI, lo nombra maestro de la doctrina cristiana para la Archidiócesis de Florencia y le deja la iglesia de Santa Lucía en Prato para que imparta su catequesis. El 14 de octubre de 1602 toma el hábito de la OFS y funda la Congregación de San Francisco de Asís para la Doctrina Cristiana. Y lo mismo hace en Lucca, Pistoya, Módena, Volterra, etc. Se incorporan a la Congregación personas de toda condición social para educar en la fe al pueblo, sobre todo a los niños y a los jóvenes. Después de padecer durante 14 años una enfermedad, que le acarrea fuertes dolores, muere en Florencia el 20 de marzo de 1619, a los 54 años de edad. El papa León XII lo beatifica el 12 de julio de 1825.

                                                                    Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, tú ves que somos débiles y desfallecemos; por el ejemplo del beato Hipólito, afiánzanos misericordiosamente en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

3.1 de octubre


Antonio Chevrier (1826-1879)

El beato Antonio Chevrier, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Lyón (Ródano. Francia) el 16 de abril de 1826. Ingresa en el seminario, y después de cursar los estudios eclesiásticos es ordenado sacerdote en 1850 y nombrado Vicario de la Parroquia de San Andrés de Lyón. En 1857 hace de capellán de la «Ciudad del Niño Jesús», fundada por Ca-milo Rambaud y destinada a acoger y cuidar a los niños abandonados, tanto en el ámbito humano como cristiano. Con la ayuda de Pedro Louat y de las religiosas Amelia y María funda la «Providencia del Prado». Es un albergue donde cobija a niños y adolescentes pobres. En 1867 es elegido párroco en Molino de Viento, muy cerca del albergue donde vive. En el año 1871 amplía su obra de caridad ayudando a la formación de sacerdotes pobres. Los cuatro primeros, ordenados en 1877, continúan su labor en el Prado y constituyen el centro del futuro Instituto. El beato Chevrier muere en Prado el 2 de octubre de 1879. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 4 de octubre de 1986.
Común de Pastores
Oración. Dios lleno de misericordia, que por la predicación y el ejemplo del beato Antonio Chevrier llevaste a nuestros padres a la luz de la fe, concédenos, por su intercesión, que cuantos nos gloriamos de llamarnos cristianos mostremos siempre con las obras la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo.

4 de octubre


Francisco de Asís (1182-1226)

San Francisco nace en Asís (Perugia. Italia) en el año 1182; es hijo de Pedro Bernardone y Pica Bourlemont. Cae prisionero en la guerra de Asís contra Perugia en la batalla del Puente de San Juan el año 1202. Forma parte también del ejército del papa a las órdenes de Gualterio de Brienne contra el Imperio Germánico. Para combatir en la guerra, viaja a Apulia en 1205, y escucha una voz en el camino que le pide que regrese a Asís. Se dedica a la oración y sirve a los leprosos. Repara la iglesia de San Damián y es acogido por Guido I, obispo de Asís. Con los primeros discípulos vive en Rivotorto y después junto a la iglesia de Santa María de los Ángeles o de la Porciúncula; aquí recibe la misión del Señor de proclamar el Evangelio por todo el mundo en pobreza, castidad y obediencia, misión que aprueba verbalmente el papa Inocencio III. En la Porciúncula celebra también los capítulos desde el año 1217. Viaja a Oriente en 1219 pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delta del Nilo. Escribe la Regla no bulada en 1221, y el 29 de noviembre de 1223 el papa Honorio III aprueba la Regla definitiva. En setiembre de 1224 recibe los estigmas de la crucifixión de Jesús. En el verano de 1225 compone el Cántico del Hermano Sol. Escribe el Testamento. Muere en la noche del 3 de octubre de 1226 a la edad de 44 años. El papa Gregorio IX lo canoniza el 16 de julio de 1228.

Lecturas

Primera lectura
«Todas las cosas son tuyas, Señor, amigo de la vida»
El texto del libro de la Sabiduría relata el amor misericordioso del Señor, que pasa por alto los pecados de los hombres, porque actúa con misericordia, los perdona y los recrea para que sigan viviendo desde los objetivos que les puso al inicio de la creación. El amor de Dios abarca a todos los hombres y a toda la historia humana, espacio y tiempo de amor, que incluye también a todas las criaturas creadas. El hombre y los seres han salido de la bondad creadora del Señor. Aunque la libertad humana ha desviado a la creación de su objetivo, el Señor se empeña en proseguir su creación, salvando al hombre; salvación que será explícita con la encarnación de la Palabra (cf. Jn 1,14).

Lectura del libro de la Sabiduría 11,22-26
El mundo entero es ante ti como un gramo en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, | porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.

Salmo responsorial Sal 15,1-2.5.7-8.11
El salmo expresa la entrega total y definitiva al Señor. A pesar de que los creyentes llevan una vida de trabajo y cuidado de la familia, cuando mantienen su relación con el Señor, éste se hace cada vez más patente e intensifica su presencia en la vida, hasta que se ofrece por entero a su correspondencia amorosa.

V. El Señor es el lote de mi heredad.
R. El Señor es el lote de mi heredad.
V. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

R. El Señor es el lote de mi heredad.

V. Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

R. El Señor es el lote de mi heredad.

V. Me enseñarás el sendera de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

R. El Señor es el lote de mi heredad.

Segunda lectura
«Nos apremia el amor de Cristo»
Toda la humanidad está contenida en la historia de Jesús. El designio del Padre, que por él lo ha creado todo (cf. Gál 3,27), hace que participemos en su resurrección (cf. 1Tes 4,14), porque él es el primero de una multitud que participarán en el futuro de la nueva creación que ha diseñado en su Hijo. Y es el Hijo quien hace posible de nuevo el diálogo entre Dios y el hombre y el del hombre con Dios, reconciliando definitivamente a la humanidad separada por el pecado. Por eso, el ministerio de la Iglesia debe anunciar en el tiempo y en el espacio el Evangelio para que los hombres adquieran la esperanza de vivir y caminar tras la plenitud de su vida.

Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 5,14-21

Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Secuencia
Aleluya
Aleluya. Aleluya.
«Francisco, pobre y humilde,
entra rico en el cielo
y es honrado con himnos celestes».
Aleluya.

Evangelio
«Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

4.1.- Francisco de Asís (1182-1226)

Lecturas
Primera lectura
«De las espadas forjarán arados»
El texto corresponde a la reforma litúrgica de Josías (reina entre el 639-608 a.C.). Josías fomenta el judaísmo, destruye los santuarios paganos y las prácticas idólatras, y activa los valores fundamentales del pueblo del Señor cimentados en la Alianza. El profeta divisa los tiempos mesiánicos, identificando el monte con el templo de Dios, en el cual se reunirán todos los pueblos. El futuro mesías creará un universalismo religioso en el que la gente podrá conocer y adorar al Dios verdadero. Y se verá con la consecución de una paz que alcanzará a toda la creación. La frase lapidaria «De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas», grabada en el edificio de la ONU, significa: las espadas se transforman en arados para producir el pan que da la vida cada día (petición del Padrenuestro), y las lanzas se convertirán en podaderas para elaborar el vino que comunica la alegría de vivir.

Lectura del profeta Isaías 2,2-5
En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».
Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

Salmo responsorial Sal 35,6-7.8-9.10-11
El hombre siempre intenta buscarse la vida al margen de quien se la dio. Es como un instinto de desapego, de libertad mal planteada, que nace de una búsqueda desasosegada de sí, que lo revuelve contra sus hermanos. El Señor se presenta como la verdadera fuente de la vida, que cuando el hombre lo vive, la comparte con los demás y disfruta de los bienes que el Señor le ha regalado desde el el principio del tiempo.

V. En ti, Señor, está la fuente viva.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

V. Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia es como las altas cordilleras,
tus juicios son como el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

V. ¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

V. Porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

Segunda lectura
«Servíos unos a otros por amor»
La vida de Jesús no sólo se entiende como la revelación del Reino de Dios, sino como una nueva vida para todos los hombres. La novedad de vida se centra en el amor (cf. Gál 5,6; Rom 13,8; 1Cor 13,1), cuyo origen está en Dios (cf. 1Jn 4,19); establece su identidad y la de su Hijo (cf. Rom 8,35.37-39) como la del Espíritu (cf. Rom 15,30). El Espíritu Santo difunde e introduce el amor trinitario en los corazones de los creyentes (cf. Rom 5,5), constituyéndose en la esencia de los mandamientos cristianos (cf. Rom 13,8-10).

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 5,13-14

Pues vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Aleluya Jn 2,12
Aleluya. Aleluya.
«Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
y yo las conozco y ellas me siguen»
Aleluya

Evangelio

«Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

4.2.- Francisco de Asís (1182-1226)

Lecturas
Primera lectura
«Habitará el lobo con el cordero»
El rey Acaz prescinde de la fe de Israel, de la Alianza para gobernar el reino de Judá, que rechaza el profeta como una actuación extraña en la historia de Israel. Las promesas mesiánicas con referencia a Israel se fundan en una ilimitada confianza en el Señor (cf. Is 9,13-17), porque sólo Él puede lograr una vida digna, equilibrada en las relaciones humanas, imponiendo la paz entre los pueblos y personas. La paz no sólo abarca a las relaciones entre los hombres y los pueblos, sino también alcanza a la creación; la naturaleza se une al cántico de la paz que transformará todo cuanto existe para bien, siempre que se confíe en el que ha originado la vida, la cuida y busca la armonía de todo lo creado.

Lectura del profeta Isaías 11,1-9

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un ástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

Salmo responsorial Sal 32,1-3.4-5.6-7.8-9
El justo entona cánticos de alabanza a la justicia y a la misericordia del Señor, porque el Señor se deja oír y ver en las maravillas de su creación. El creyente debe abrir su corazón y dejarse invadir por Él a fin de reconocer su presencia en la creación y en la historia.

V. La palabra de Dios hizo el cielo.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

V. Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

V. Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

V. La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

V. Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó y todo fue creado.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

Segunda lectura
«Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud»
Jesús es el centro de la fe cristiana, de la vida personal y colectiva de los pueblos. En este texto se presenta como la imagen de Dios en la historia humana: Dios se deja ver en él y por él (cf. Heb 1,3; 2Cor 4,4); Cristo es la primera realidad pensada y querida por Dios, por eso es el primogénito de toda la creación (cf. Ef 1,21). No es extraño, pues, que sea, a la vez, cabeza de la comunidad cristiana (cf. Ef 1,22-23). Y en el colmo de la experiencia cristiana se le cree y retiene como el que posee la plenitud de todas las gracias, la plenitud de Dios, de la cual todos hemos participado al ser nuestro hermano y hacernos hijos de Dios (cf. Ef 2,9; Jn 1,16).

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 1,15-20
Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Aleluya 2Tim 1,10
Aleluya. Aleluya.
«Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte,
y por medio del Evangelio sacó a la luz la vida».
Aleluya.

Evangelio
«Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

Lectura del santo evangelio según San Mateo 11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

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