DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

Reflexionando y orando

                                                                               Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.

P. Ruiz Verdú OFM

Cuán provechoso es para nosotros confiar en el poder de Dios que no está sujeto a los vaivenes de la historia, de los que gobiernan ni a nuestro capricho. El poder de Dios es eterno y siempre en actitud de servicio en favor de sus hijos, nosotros. Pero nuestra voluntad es débil e inestable y con facilidad tiende a confiar más en sí misma y en el poder humano que en el poder de Dios. Por eso le pedimos que nos conceda una voluntad bien dispuesta y siempre disponible para servirle con corazón sincero.

Estamos expresando en esta oración nuestro deseo de llevar una vida totalmente consagrada a Dios, para lo cual necesitamos “una voluntad solícita y estable”, que no se cansa de seguir el camino de Cristo Jesús. Viviendo así damos una sincera respuesta a Dios por su grandeza, de la cual nos hace partícipes en Jesús.

“Señor, guárdame como a la niña de tu ojos”

“Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe,

el esfuerzo de vuestro amor

y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor” (de la 2ª lectura)

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