DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

Reflexionando y orando

Oración colecta

Dios de poder y misericordia, aparta, propicio, de nosotros toda adversidad, para que bien dispuestos cuerpo y espíritu, podamos aspirar libremente a lo que te pertenece. Por Jesucristo nuestro Señor.     

  P. Ruiz Verdú OFM

Las oraciones litúrgicas nos recuerdan con frecuencia el poder y la misericordia de Dios. Es el fundamento de nuestra confianza. Y aunque parezca que nuestra petición sea hecha con exigencia, no son nuestros méritos lo que ponemos ante su presencia, ante su vista para que los vea, sino a su Hijo Jesucristo, que intercede siempre por nosotros (“por Jesucristo nuestro Señor”).

Ese “mandato” que le dirigimos a Dios (“aparta”), no se apoya en nuestras “buenas obras”, sino en su “poder y misericordia”, porque creemos que Dios siempre está dispuesto a hacer el bien.

¿Y qué es lo que le pedimos? Que aparte de nosotros todos los males, “toda adversidad”, todo aquello que es contrario a su voluntad y que nos separaría de conseguir lo que a Él le pertenece. Y como somos “cuerpo y espíritu”, le decimos que ambos estén siempre dispuestos, como dos buenos amigos, a aspirar libremente a los bienes de Dios.

Llegue hasta ti mi súplica, Señor; inclina tu oído a mi clamor;

porque tú eres mi pastor y contigo nada me falta.

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