SAN ANTONIO DE LISBOA/PADUA

Rafael Sanz Valdivieso OFM
Instituto Teológico OFM
Pontificia Universidad Antonianum

La vida de San Antonio, el portugués más conocido y festejado en todo el mundo, fue breve por el número de años transcurridos entre su nacimiento y su muerte, pero de gran intensidad biográfica según los testimonios conservados. Después de muchas controversias, problemas e investigaciones, hoy se ha llegado a un consenso y opinión común sobre sus orígenes familiares, su nombre y el de sus padres, su formación en la escuela catedralicia de Lisboa, su estancia entre los Canónigos Regulares de San Agustín, su paso a la Orden franciscana atraído por el ejemplo de los primeros mártires franciscanos en Marruecos, su labor de predicador evangélico y de ministro preocupado por el bien de los hermanos confiados a su servicio y de escritor de Sermones según las reglas y procedimientos de la oratoria de su época. Además, murió como un santo en 1231 y fue canonizado a los once meses de su muerte, por aclamación del pueblo cristiano, confirmada con la declaración solemne de la Iglesia.

Nacimiento y familia. Aunque los datos no son seguros en todos sus detalles, sabemos que nació en Lisboa a finales del siglo XII, sin que podamos fijar la fecha con exactitud. Sus padres poseían una casa frente a la puerta principal de la Catedral, pues vivían en la misma calle, adecuada a la condición de su estado, del que no tenemos todos los datos muy completos para decir que formaban parte del estamento aristocrático, designado como “nobilis progenies”, “nobiliori genere”; todo lo más que se puede decir, es que la familia Martins pertenecía a los “hombres buenos” del pueblo, mercaderes de posición desahogada y respetados en el burgo e incluso al servicio del Rey en los asuntos de tesorería. Quizá fue su padre uno de los “milites”, ciudadanos que por su posición tenían concesión para servir al rey con armas y caballo.

Estos “felices progenitores” se llamaban Martim de Bulhôes y Teresa Taveira, según fray Marcos de Lisboa, primera obra impresa que ofrece los nombres completos. La infancia de Fernando Martins de Bulhôes, —tal fue el nombre que le impusieron al bautizarlo en la vecina Catedral—, transcurrió en una familia normal, conocida en Lisboa, de notable posición y haberes, como se ve en los documentos referidos a sus padres y otros tres hermanos relacionados con la edificación de la iglesia dedicada a San Mamés, cercana a su casa. Nacido  en 1195, y distribuidos así: 15 años en casa de sus padres, casi 2 en Lisboa y otros 9 en Coimbra, entre los Canónigos Regulares de San Agustín y 10 de franciscano.

El abandono de Lisboa por Coimbra, a 175 kilómetros de distancia, para que las relaciones con sus amigos y familiares no fueran obstáculo a los más altos intereses de su alma, es un dato válido que merece más atención que las posibles pasiones políticas que pudieran asediar el monasterio de San Vicente de Lisboa, las intervenciones reales o tensiones entre nobles y eclesiásticos, incluidos los Obispos de Oporto y Coimbra, etc., porque la Corte, entonces, se encontraba en Coimbra.

Formación, estudios y cultura. Fernando Martins de Bulhôes frecuentó desde los seis o siete años la escuela catedralicia, fundada por Don Gilberto de Hastings, nombrado Obispo al restaurar la sede después de la reconquista por Alfonso Henriques. Los estudios seguían el “cursus” aceptado en la Europa cristiana de entonces. Se aprendía a leer utilizando como libro el Salterio, memorizando el texto latino; a escribir, a contar y a cantar. Una vez afianzado en la escritura y la lectura, se estudiaba la gramática latina que constituía el comienzo del “Trivium”, más algunas materias de retórica y dialéctica, aunque la enseñanza básica de tales estudios era, sin duda, la gramática latina. Además, participaban los escolares en las ceremonias y cantos litúrgicos de la sede catedralicia. No sabemos si después de la escuela catedralicia, o en la misma escuela, estudió las artes liberales con alguno de los maestros que allí enseñaban, Vicente Hispano a quien sucedieron Menendo Gonçales y Juan de Dios. esos estudios habrían tenido lugar antes de entrar en el monasterio de San Vicente de Fora, al que llegaría con sus 18 años, en torno a 1209.

En Santa Cruz de Coimbra permaneció durante nueve decisivos años, hasta 1220, dedicado al estudio y a la meditación de las Escrituras Santas, aplicando el método alegórico y anagógico en el estudio de las doctrinas teológicas, que después le revelarían consumado maestro y predicador experto por su plenitud de ciencia y doctrina, sorprendiendo a sus oyentes e incluso al mismo Papa Gregorio IX que le denominó “archa Testamenti”. En Santa Cruz, en los libros de la preciosa biblioteca conventual, aprendió la teología leyendo a los Padres, San Agustín, San Gregorio Magno, la mística en Dionisio Areopagita y en Ricardo de San Víctor, las “Sententiae” de Pedro Lombardo; con ellos aprendió a exponer el Evangelio y su sentido moral con agudeza de ingenio y argumentos coherentes, sin dejarse atraer por los laberintos de la sabiduría humana.

El conocimiento de las Escrituras, la formación teológica y su capacidad personal, cultivada por el estudio y la reflexión, además de la oración, le facilitaron la exposición y aplicación de la doctrina a la vida. Su formación intelectual la adquirió en Coimbra siguiendo la escuela agustiniana, según la corriente de los “victorinos” de París, donde se habían formado los maestros de Santa Cruz. De allí salió con una formación completa y bien asimilada que le permitió aprender tanto lo que era necesario en la evolución de su pensamiento y aspiraciones espirituales, como la preparación requerida para ser ordenado sacerdote.

Se ha discutido este punto teniendo en cuenta la fecha canónica exigida entonces para ser ordenado, no menos de treinta años. A. Callebaut tomaba esa indicación del Papa Inocencio III como justificación de su propuesta: San Antonio ordenado en Forlí en 1221; en la práctica se admitían las excepciones y por necesidades pastorales se procedía a la ordenación sacerdotal a los veinticinco años desde 1179, cuando la cura de almas estaba implicada, según el III Concilio Lateranense, las Decretales de 1191-1192. En Santa Cruz de Coimbra, según el derecho vigente, podían ser ordenados sacerdotes desde los veinticinco a los treinta años, como parece lo más probable en el caso de Fernando Martins, por lo que al pasar en 1220 a los Franciscanos, que vivían en San Antonio de los Olivos, ya sería sacerdote.

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