LITURGIA DE ADVIENTO

Rafael Sanz Valdivieso OFM
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum

El Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo I de Adviento (el domingo más cercano al 30 de noviembre) y termina con las primeras vísperas del tiempo de Navidad. El color de los paramentos litúrgicos, de los indumentos que viste el sacerdote en las celebraciones, es el morado, violáceo. En el tercer domingo de Adviento (el domingo llamado Gaudete) se puede usar el color rosáceo, que representa la alegría por la venida de Cristo. En la celebración eucarística no se dice el Gloria, de forma que después sea cantado de forma solemne en la Misa de la noche de la Natividad del Señor.

Los nombres que se daban tradicionalmente a los domingos de Adviento se toman de las palabras iniciales de las Antífonas de entrada de la celebración de la Eucaristía: El primer domingo comienza, y se dice, con las palabras latinas Ad te levavi(“A ti levanto”, del Salmo 25); el segundo domingose dice del Populus Sion (“Pueblo de Sión”, Is 30,19.30); el tercer domingo es el que comienza con la palabra latina indicada antes Gaudete (“Alegráos”, Flp 4,4.5); el cuarto domingo, es el que comienza con la palabra Rorate caeli (“Cielos lloved”, Is 45,8).

El comienzo del Adviento

La palabra “Adviento” es la adaptación española de la latina “adventus”, que significa “venida”. Ese vocablo “adventus” puede traducirse también como “llegada”, “presencia”. En el lenguaje del mundo clásico era el término técnico que se utilizaba para anunciar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una Provincia. Pero podía indicar, además, la llegada de la divinidad, su presencia, el salir de su ocultamiento para manifestarse con poder, o su presencia celebrada en el culto.

Los cristianos adoptaron la palabra Adviento para expresar su relación con Cristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en, o llegado a, esta pobre “provincia” que es la tierra para visitar a todos los que la habitan. En la fiesta de su venida quiere que participen todos los que creen en Él. Con la palabra “Adviento” se quería decir, en suma: “Dios está aquí, no se ha ausentado del mundo, no nos ha dejado solos”. Aunque no podamos verlo ni tocarlo como las demás cosas del mundo, Él está aquí, viene a visitarnos de muchas maneras.

El tiempo de la esperanza, de la conversión, de la espera

El Adviento es el tiempo de la conversión, de la esperanza, de la espera, como propone la piedad popular y la liturgia del Directorio sobre la piedad popular. Es el tiempo de la espera confiada de la venida de Dios, que celebramos en sus dos momentos principales: La primera parte de Adviento nos invita a reavivar la espera del retorno glorioso de Cristo. Después, al acercarse la Navidad, la segunda parte del Adviento nos remite al misterio de la Encarnación; nos llama a acoger al Verbo encarnado, humanado, para salvación de todos. Esto es lo que explica el Prefacio (oración eucarística, de la Misa, antes del “Sanctus”) primero de Adviento, al comienzo de la oración eucarística, después del ofertorio. En ese prefacio se destaca que en “su primera venida en la humildad de nuestra naturaleza humana, dio cumplimiento a la antigua promesa, nos abrió el camino de la salvación eterna”. Después sigue diciendo: “Vendrá, de nuevo, con el esplendor de la gloria y nos llamará a poseer el reino prometido que ahora esperamos con esperanza vigilante”.

El Adviento es, también, tiempo de conversión, a la que este tiempo fuerte nos invita con la liturgia, en la que resuena la voz de los profetas y sobre todo de Juan el Bautista: “Convertíos, el reino de los cielos está cerca” (Mt 3,2). Por último, el Adviento es el tiempo de la esperanza gozosa que nos da la salvación ya realizada y para que los dones de la gracia, presentes en el mundo, alcancen su plena madurez y plenitud, por las que la promesa se transformará en posesión, la fe en visión, y “seremos semejantes a Él y lo veremos tal como es” (1Jn 3,2).

Las lecturas del Adviento

Las lecturas de la Palabra de Dios en este año, que corresponde al ciclo B de la distribución trienal de la liturgia, siguen esta división del Adviento. Hasta el domingo tercero de Adviento la liturgia se concentra en el anuncio de la venida del Señor, la segunda venida. Después (los días que van desde el 17 hasta el 24 de diciembre) se concentra en la espera vivificante del nacimiento de Jesús. Así el primer domingo de Adviento el evangelio es de Marcos 13, 33-37 que nos propone las palabras de Cristo: “Velad, entonces, pues no sabéis cuando vendrá el dueño de la casa”. En el segundo domingo de Adviento el evangelio de Marcos 1, 1-8 narra el bautismo de Jesús y propone las palabras de Juan Bautista, junto al río Jordán: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y no merezco agacharme para desatarle las sandalias”. En el tercer domingo de Adviento, el evangelio de Juan 1, 6-8.19-28 de nuevo propone la figura de Juan el Bautista, que “venía como testigo, para dar testimonio de la luz”; al ser preguntado por los Judíos, enviados desde Jerusalén, responde: “… en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí”. Por último, el domingo cuarto de Adviento, el evangelio de Lucas 1, 26-38 es el de la Anunciación y se concentra en la figura de la Virgen María.

María es la imagen perfecta del Adviento

El tiempo de Adviento tiene como figura destacada a la Virgen María. El Papa Francisco ha dicho en varias ocasiones que “María es el camino que Dios mismo se ha preparado para venir a nuestro mundo” y que ella es “la que ha hecho posible la Encarnación del Hijo de Dios, la revelación del misterio, envuelto en el silencio durante siglos eternos” (Romanos 16,25) gracias a su “Sí humilde y valiente”. La solemnidad de la Inmaculada Concepción, el día 8 de diciembre, forma parte del misterio que celebramos en Adviento: María es la primera criatura humana redimida, la imagen de la humanidad vuelta hacia Dios, el fruto anticipado, el más excelso, de la venida de Cristo.

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.