CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Reflexionando y orando

 

Oración colecta

Derrama, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que, quienes hemos conocido, por el anuncio del ángel, la encarnación de Cristo, tu Hijo, lleguemos por su pasión  y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

Pedro Ruiz Verdú OFM

Es una oración de petición muy en consonancia con el inicio y el fin de nuestra fe. Conscientes de haber recibido en el bautismo la fe en Dios, en la oración le pedimos que “derrame su gracia sobre nosotros”. La gracia ya la poseemos; lo que ahora le pedimos es que la aumente.

El haber conocido por el anuncio del ángel Gabriel que el Hijo de Dios se encarnó en el seno de María, es ya inicio de que vamos por buen camino. Pero conocer la verdad no nos exime de seguir buscándola y profundizando en ella, para que poseyéndola más y más lleguemos a alcanzar su plenitud según nuestra capacidad.

La Iglesia, nosotros, al afirmar la encarnación del Hijo de Dios, afirmamos también que uno de los motivos de esta admirable obra de Dios es la redención de toda la humanidad. La encarnación está estrechamente unida a la pasión y cruz de Jesús, por la cual llegamos a la gloria de la resurrección.

Cercana ya la Navidad, nada mejor que pedirle al Señor esta abundancia de gracia para que la podamos celebrar con alegría espiritual desbordante (cf. colecta tercer domingo).

María esperaba con inefable amor de madre el nacimiento de su Hijo

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR (25 de diciembre)

Reflexionando y orando

Oración colecta

Oh Dios, que de modo admirable has creado al hombre a tu imagen y semejanza; y de un modo más admirable todavía elevaste su condición por Jesucristo; concédenos compartir la vida divina de aquél que hoy se ha dignado compartir con el hombre la condición humana. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

Miramos al Dios Creador y, desde Dios, miramos al hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Esta maravilla ha nacido de la bondad y misericordia divinas. Dios es amor y por amor hemos sido creados. Y en el amor de Dios hemos sido cimentados. En su amor está nuestra seguridad y nuestra felicidad. Esta es la maravilla primera de Dios a favor del hombre: creados a su imagen y semejanza por amor.

A esta obra de Dios, el hombre y la mujer respondieron dándole la espalda: no quisieron saber nada de este cariño de Dios.

Pero Dios no los abandonó. Y a la primera maravilla añadió la segunda, más admirable aún: la encarnación de su Hijo en nuestra carne mortal: Jesucristo. Hizo a su Hijo nuestro hermano y redentor; lo hizo en todo semejante a nosotros, menos en el pecado.

Pues bien: si Jesucristo compartió nuestra condición de hombre mortal, nosotros le pedimos a Dios que se digne concedernos la gracia de compartir la vida divina que nos trae su Hijo.

Un Niño nos ha nacido,

un Hijo se nos ha dado;

tendrá por nombre:

“Ángel del Gran Consejo”

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