DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

Reflexionando y orando

Oración colecta

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra; escucha paternalmente la oración de tu pueblo, y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por Jesucristo. Amén.

P. Ruiz Verdú OFM

Hemos celebrado el Adviento y la Navidad, que termina con el Bautismo de Jesús en el río Jordán. Después de estas celebraciones comienza el tiempo litúrgico llamado “Tiempo ordinario”, el cual se interrumpe el Miércoles de Ceniza (Cuaresma), retomándolo después del Domingo de Pentecostés, con cuya solemnidad culmina el llamado Tiempo pascual. Se llama Tiempo ordinario porque durante él no hay solemnidades especiales, salvo algunas excepciones. Tiempo en el cual celebramos con sentido cristiano la monotonía de la vida, guiados por la fe.

Fijémonos en lo que pedimos: que todos los días se nuestra vida se fundamenten en la paz que Cristo Jesús nos dejó y nos dio: “La paz os dejo, mi paz os doy”, dijo a sus discípulos en la Última Cena. Una paz que supera la que nosotros solemos construir. Paz con capacidad para hacer un mundo mejor, un mundo de relaciones fraternas de respeto, comprensión y perdón.

Tenemos experiencia de que no somo capaces de construir una sociedad con tales características, porque la ambición y el egoísmo nos dominan. Por eso acudimos a Dios, que es todopoderoso. Él que gobierna cielo y tierra.

Pero no debemos olvidar que Dios nos pide nuestra libre colaboración. Siempre desea Dios nuestro bien, lo mejor para nosotros; pero no siempre lo queremos nosotros. Y Dios que nos regaló la libertad al crearnos, no nos la quita, pero sí nos aconseja para que la empleemos según su voluntad y para nuestro bien.

Por eso le pedimos que escuche la petición que le hacemos, ya que es nuestro Padre; que nos ayude a desear lo que Él para nosotros desea y llevarlo la práctica con su ayuda. Así sea.

 

 

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