PEREGRINACIONES

Y

LA PEREGRINACIÓN MÁS HERMOSA     

 

          Elena Conde Guerri
          Universidad de Murcia

                    El término peregrinus significa en lengua latina “extranjero”,  en el sentido de aquellas personas que carecían de los derechos y deberes implícitos a la ciudadanía romana ya que no la poseían, eran ajenos a ella y extraños para ella. La semántica era marcadamente jurídica pero con posterioridad  fue ampliando sus matices dada su riqueza de posibilidades para otros contextos.

                  El año que ha concluido, 2017, ha sido generoso en peregrinaciones y parece que el entrante desea imitarlo ya que el actual viaje del Santo Padre a Chile y Perú, en esencia,  es también una peregrinación.  En nuestra Región de Murcia, este pasado 7 de enero se cerró solemnemente el Año Jubilar de Caravaca de la Cruz, aunque los privilegios espirituales que le son propios pueden seguir brotando en la voluntad de cada persona con las debidas condiciones. Todo un acontecimiento a nivel casi ecuménico, me atrevería a decir, pues de múltiples nacionalidades y países han sido los peregrinos y la prensa y todos los medios han cubierto con tanto mimo y puntualidad  el evento que nos excusan ahora a los demás de una reiteración innecesaria. Cito otro ejemplo de gran trascendencia.  La Orden Franciscana  ha conmemorado los 800 años de Presencia Franciscana en Tierra Santa, efemérides resaltada progresivamente en las entradas pertinentes de este Blog. En 1217, Fray Elías se atrevió a pilotar la aventura y arribó al puerto de Acre por lo que se le considera el Primer Ministro Provincial de Siria/ Tierra Santa. Es obvio que en este viaje arriesgado dados los medios de transporte de la época, en este peregrinación apasionada, el motor era el dinamismo cristológico del Santo Fundador de Asís quien, refiriéndose a si mismo en su exquisita humildad como homo vilis etcaducus,  “hombre despreciable y perecedero”, se abrasaba sin fatiga para que  “el nombre del Señor, Hijo del Altísimo, fuese siempre adorado con temor y reverencia” y para que “todos los gobernantes y quienes detentaban poder EN CUALQUIER LUGAR DE LA TIERRA “ no echaran en olvido al Señor (CtaO.  y CtaG respectivamente. I.Rodríguez Herrera,  Los escritos de San Francisco de Asís. Murcia 1985). Francisco, también misionero en adelantada intuición histórica, quizá uno de sus carismas menos difundidos.

               De hecho, la atracción por llegar ad loca sancta, a cualquier lugar santificado de modo especial por la presencia real, viva, del Salvador o por alguna reliquia significativa que se le vinculase con toda la certeza que permitiese el escrutinio de las fuentes históricas, arqueológicas o litúrgicas disponibles, fue un vehículo activo de conmociones espirituales y deseos polivalentes desde la estructuración del cristianismo oficial en la geografía del Imperio. Palestina, los Santos Lugares, fueron lógicamente el foco más apetecible y lo fueron, si nos atenemos al testimonio escrito, por el celo, la reverencia y el arrojo de una mujer.  Elena, madre del emperador Constantino, ya no era biológicamente joven cuando emprendió el periplo. Afecta  al  cristianismo y a su Fundador, peregrinó allí para venerar in situ “el suelo hollado por el Salvador” y de su iniciativa y la de su hijo, influido sin duda por ella, surgieron las maravillosas arquitecturas basilicales de Belén y de la Anástasis en Jerusalén. (Eusebio de Cesarea, Vit.Const. III, 25 ss. A pesar de la clara empatía del autor por Constantino, la constancia arqueológica sigue dando testimonio).  Parece que todo se hubiese preparado adecuadamente para itinerarios posteriores movidos por la fe, como el de Egeria y sus compañeras que al filo del año 400 se pusieron en camino a los parajes donde ya San Jerónimo había cimentado su tienda filológica-ascética.  Los investigadores todavía no son unánimes sobre la identidad y procedencia de la protagonista, quizá de Galicia, salvo que  su condición femenina jamás obstaculizó las prácticas ascéticas apoyadas en una fe profunda que la impulsó a marcar con la oración y la liturgia todos los loci  desde el Monte Sinaí hasta la iglesita de la Ascensión sobre el Monte Olivete, Jerusalén, donde el incompleto Itinerario concluye.Un tejido topográfico y espiritual  entre Antiguo y Nuevo Testamento, hilvanado con frases como “después de hacer oración”, “con la ayuda de Dios” y “se hizo la oblación y comulgamos”, cuya esencia radicada en el mundo interior bien conocen los Franciscanos de Tierra Santa que sin parar acogen a miles de peregrinos.

                    De hecho, toda peregrinación que se precie de sello cristiano, en los primeros tiempos y en la actualidad, es un viaje interior, una introspección de buceo a muchos metros de profundidad en las aguas de cada cual aun a riesgo de perder pie. Sin la interiorización y la reflexión sobre la VERDAD  que posee el significante,  las Peregrinaciones pueden convertirse en meros circuitos turísticos, gastronómicos, iconográficos y lúdicos.  Este peligro se ha materializado ya en ocasiones, no lo ignoremos. Y el marketing contemporáneo, ávido de rentabilidad y ganancias a corto plazo, va a la zaga. De cualquier modo, cada cual buscará en el proceloso itinerario algo que no tiene, colmar honduras, enjuagar un espíritu vacío con nuevos paisajes y sensaciones. Los románticos ingleses, como Lord Byron, hicieron del Mediterráneo Oriental, pasando antes por la Italia inmortal, el refugio ideal  para sus escepticismos y hastío, como testimonia el autor bajo pseudónimo en su poema La peregrinación de Childe Harold (1818).  Pero el revival de lo clásico no le curó, al igual que en la actualidad las delicatessen culinarias o los retos físicos para disciplinar el organismo nunca testificarán fidedignamente  el sello y firma del Diploma adquirido. Toda peregrinación  debe de ser trascendente. El lignum Crucis de Caravaca debe impulsar la mirada hacia los Santos Lugares y viceversa, en contemplación y oración y también en austeridad. San Juan de la  Cruz quiso estacionarse en Caravaca. Por algo sería. El, tan sufriente y místico en su” noche oscura del alma, oh noche más amable que el alborada, noche que juntaste amado con amada”, al igual que siglos después Miguel de Unamuno con su soberbio “en qué piensas tu muerto, Cristo mío?. Miras dentro de Ti, donde está el reino de Dios. Dentro de Ti, dondealborea el Sol eterno de las almas vivas”, sabían mucho de circuitos interiores, a veces dolorosos, que  afortunadamente acababan alboreando.

                   La peregrinación más hermosa es siempre la de uno consigo mismo. En ocasiones, somos extranjeros, extraños para nosotros mismos. Esta no exige necesariamente  un desplazamiento. Requiere otros movimientos más comprometidos a los que el mundo contemporáneo se resiste. Uno puede con su espíritu, en la voluntad de la oración, viajar hasta Tierra Santa y unir su presencia espiritual alimentada por “la comunión de los santos” a la presencia real de los Franciscanos Custodios y  los peregrinos puntuales.El don de la gracia implícita a estos escenarios  se multiplica y brota para todos.  Fray Michael  Perry, Ministro General de la OFM, ha sido bien consciente de ello al decir: “presencia nuestra aquí es para toda la humanidad”.

 

 

 

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