CUARESMA, AYUNO Y ORACIÓN

 

Rafael Sanz Valdivieso OFM

El próximo Miércoles de ceniza, día 14 de febrero, comienza el tiempo de Cuaresma. En todas las partes del mundo la comunidad cristiana emprende el camino que la lleva hacia la Pascua de resurrección. Revive con la celebración de la ceniza el recuerdo del bautismo y propone el sacramento de la reconciliación para purificarse de los pecados y del lastre de las diversas cargas que afligen nuestras vidas deformándolas de diferentes maneras. Ese mismo día es el que celebra a san Valentín, mártir, que ahora la propaganda consumística manipula para edulcorar un tanto la necesidad que tenemos de amor y de cordialidad.

La Cuaresma es un itinerario o peregrinación que dura cuarenta días, recordando los cuarenta años que Israel peregrinó por el desierto, madurando su experiencia de fidelidad al Señor de la Alianza, y los días de ayuno de Jesús en desierto, como recuerdan los Evangelios sinópticos. Es, pues, un periodo de lucha y combate contra el mal, contra el pecado, y un camino terapéutico para recobrar la plenitud de la vida divina, de la que somos partícipes; los medios para ello son la escucha atenta de la Palabra de Dios, el ayuno, las obras de caridad y la oración. En las obras de caridad incluimos la atención delicada y la cortesía respetuosa con todos nuestros prójimos.

Las lecturas de la Palabra de Dios cada domingo nos harán recorrer la etapas fundamentales de la Historia de la salvación que han preparado la Pascua de Cristo: desde la llamada a la conversión y la fe en el Evangelio, que Jesús hace después de su lucha contra Satanás que lo tienta, y la vocación de Abrahán, el valor de la Ley y los mandamientos como respuesta de amor a Dios, que ahora en su Hijo, el “Predilecto” llama a una vivencia profunda de la religiosidad, acentuando la autenticidad de la fe, que se encuentran con la misericordia de Dios que manifiesta el primado de su amor en el Hijo, enviado al mundo “no para condenarlo”, sino para que se salve por medio de Él.

Esta disposición la reclaman también los profetas, porque en la alianza nueva no se resalta el pecado sino la gracia que entra en el corazón – “conoced al Señor” (Jer 31,31-34) ­– que es lo que recibimos por medio de Jesucristo, el grano de trigo caído entierra que produce mucho fruto. Es el cumplimiento de la promesa, un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Estas lecturas, sobre todo las de los evangelios de este ciclo litúrgico B, nos invitan por boca del mismo Jesús, si queremos seguirlo, a dar a la propia vida un sentido diferente al de la rutina diaria. El misterio de la cruz confirma un dato esencial: el poder del mal, del diablo, ha sido vencido y derrotado por el Hijo “elevado en la cruz”. La historia, y todos sus horrores, la violencia doméstica, las diversas formas de acoso (infantil, juvenil, violencia familiar, la trata de las personas), las varias formas de esclavitud presentes en nuestro mundo, no está cerrada en sí misma. El que sigue a Jesús, y quiere ser su discípulo, partiendo de esa certeza, debe comprender que el único modo para no perder la propia vida es el entregarla y gastarla como lo ha hecho Jesús, siguiendo el dinamismo del don generoso y perseverante (es lo que representa la cruz).

En el seguimiento del Hijo amado y predilecto podremos acercarnos al agua viva de la revelación de Dios y del Espíritu que nos lleva a adorar a Dios  “de verdad”, con la luz de la fe que guía nuestros pasos y abre el horizonte de la resurrección. Es la pascua – el paso – de la muerte a la resurrección.

El valor del ayuno cuaresmal, nos propone: 1) Hacer una sola comida al día, aunque no prohíbe tomar un bocado por la mañana y por la tarde / noche, teniendo en cuenta la cantidad y la calidad, según las costumbres locales.

2) La abstinencia requiere excluir las carnes, así como los alimentos y las bebidas que, según un criterio prudente y equilibrado, se consideran especialmente costosos y refinados.

3) El ayuno y la abstinencia, según lo dicho antes, tienen que ser observadas el Miércoles de Ceniza (o el primer viernes de Cuaresma según algunas costumbres) y el viernes de pasión, antes de la Semana Santa, que celebra la Muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Se aconseja también su práctica durante el Sábado Santo hasta la vigilia de Pascua.

4) La abstinencia debe ser observada todos y cada uno de los viernes de la Cuaresma, a no ser que coincidan con un día festivo solemne (por ejemplo el 19 o el 25 de marzo).

Todos los demás días del año que sean viernes, a no ser que coincidan con un día festivo solemne, hay que observar la abstinencia en el sentido dicho o también realizar una obra de penitencia o una oración más intensa, y siempre para ejercer la caridad concreta y real.

5) La ley del ayuno obliga a los mayores de edad hasta cumplidos los 60 años. La ley de la abstinencia obliga a los mayores de 14 años.

6) De esta observancia de las leyes del ayuno y de la abstinencia pueden estar dispensados, por una razón justa, como por ejemplo la enfermedad y la salud precaria. Además, cada párroco puede dispensar, “por causa justa, y conforme a las disposiciones del obispo diocesano, de la observancia  obligatoria del día de penitencia, o cambiarlo por otras prácticas de piedad; lo mismo puede hacer un Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica, si son de derecho pontificio, respecto de los propios súbditos y de los que viven de forma permanente en las casas de su competencia”.

Unas palabras del Papa Francisco nos sirven de ayuda: “La práctica del ayuno os ayude, queridos jóvenes, a conseguir el dominio de vosotros mismos; la oración sea para vosotros, amados enfermos, el medio con el confiar a Dios vuestros sufrimientos para sentir su presencia amorosa; las obras de misericordia, por último, os ayuden a vosotros, esposos, a vivir vuestra vida conyugal abriendo a las necesidades de los hermanos” (18.02.2015).

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