I CUARESMA (B)

            Del Evangelio según San Marcos 1,12-15.

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

1.- La intención diabólica es corregir la forma concreta de acometer la misión de Jesús como Hijo de Dios. Jesús se encuentra en su vida con serios inconvenientes para realizar su ministerio. Y, a la vez, dichas tentaciones pueden indicar cierto conflicto personal o resistencia interior, aunque sea de una manera muy indirecta y tangencial, bien al inicio, o bien como lógica consecuencia de las duras pruebas a las que se le somete en su actividad pública. No podemos olvidar la resistencia a la proclamación del Reinado de algunos grupos religiosos, la invitación de Pedro para que huya del sufrimiento, la advertencia a todos los discípulos sobre la pretensión de la gloria y del poder para hacer presente el Reino; la rebeldía personal a sufrir y a sufrir en la cruz. Es lo que le hace escribir al autor de la  Carta a los Hebreos: «Cristo, con gritos y lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte»

2.– Las tentaciones van dirigidas a variar los fundamentos y condiciones que mantienen nuestra vida plena de esperanza. El Señor le ha dado la misión a Jesús en el bautismo, como a nosotros cuando nuestros padres nos llevaron a la iglesia para incorporarnos a la comunidad cristiana. El Señor nos revela nuestra vocación; la vida nos ofrece muchas alternativas para sustituir la vocación cristiana de dar la vida de una forma sencilla y humilde, adecuada a nuestras posibilidades y valores. La ventaja que tenemos los cristianos es que la relación con Dios la vivimos en comunidad: la familia, la Iglesia, las comunidades y grupos eclesiales y humanos que nos ayudan a objetivar nuestra vida, a superar tantas dificultades, a apoyarnos para poder llevar nuestras cruces con un poco de alivio. Las tentaciones se debilitan mucho cuando las afrontamos en común: con un hermano o hermana, con un amigo o amiga, con creyentes con los que compartimos la fe, el culto, la Palabra del Señor. No perdamos nunca de vista a las personas que nos quieren para vivir la fe que actúa en la caridad.

3.– Las tentaciones con que tienta el diablo a Jesús se centran en el poder real que tiene como Hijo de Dios. El diablo le invita a que muestre ese poder para evadirse de las condiciones de hombre humilde y servicial que Dios le revela en el Bautismo. La tentación como oferta de poder la experimentaron ya Adán y Eva en el paraíso: «… Dios sabe que el día que comáis [del árbol]….  seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal» (Gén 3,5). Y Jesús la sufre no solo en la invitación que se le hace tantas veces en la vida a manifestar su condición de superioridad sobre los hombres por su identidad filial, sino en la misma comprensión de sus discípulos sobre su misión. Sin  embargo, una y otra vez Jesús nos recuerda la vocación servicial del bautismo: «Sabéis que entre los paganos los que son tenidos por jefes tienen sometidos a los súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre vosotros; antes bien, quien quiera entre vosotros ser grande que se haga vuestro servidor; y quien quiera ser el primero que se haga esclavo de todos. Pues este Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos» (Mc 10,42-45).

 

 

 

 

 

 

 

 

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