ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Comenzamos la reflexión de la oración sobre las ofrendas.
Una vez que se han puesto sobre el altar las ofrendas de pan y de vino, el que preside la celebración de la Eucaristía, reza una oración. Con ella se cierra el rito de presentación de las ofrendas. Su finalidad, además de dar fin a un rito, lo mismo que la oración colecta, y preparar así la plegaria eucarística, centro de toda la celebración, es pedirle a Dios que acepte los dones que Él mismo nos ha dado para poder cumplir el mandato de Jesús, su Hijo: “Haced esto en memoria mía”.
P. Ruiz Verdú OFM
Miércoles de Ceniza
“Al ofrecerte este sacrificio que inaugura solemnemente la Cuaresma, te pedimos, Señor, que mediante las obras de caridad y de penitencia dominemos las malas inclinaciones y, limpios de pecado, merezcamos celebrar piadosamente  la pasión de tu Hijo. Él que vive y reina por los siglos.”
Aunque el verdadero sacrificio aún no se ha realizado, ya se anticipa en la oración el sentido del pan y del vino puestos sobre el altar. Con esta ofrenda inauguramos la Cuaresma y le pedimos al Señor que nos ayude en aquello que da sentido a todo el tiempo cuaresmal: obras de caridad y actos penitenciales, para dominar en nosotros lo que nos lleva al pecado, a fin de merecer por su gracia celebrar con corazón limpio los misterios de la pasión de su Hijo.
Ya al inicio de la Cuaresma se nos recuerda cuál sea la finalidad de la misma: poder “celebrar piadosamente los misterios de la Pasión” de Jesús; misterios que vamos a hacer presentes, ya y ahora, en la celebración.
Nos dice Jesús:
Procura de no practicar tus buenas obras para ser visto por los hombres; de lo contrario, no tendrás recompensa de tu Padre celestial.
Primer domingo de Cuaresma
Oración sobre las ofrendas
Haz, Señor, que nuestra vida responda a estos dones que van a ser ofrecidos y en los que celebramos el comienzo de la celebración de la Pascua. Por Jesucristo nuestro Señor.
Primera petición: que el Señor nos ayude y prepare, porque Él es el único que sabe hacerlo bien. Nosotros, por nuestra parte debemos estar dispuestos a aceptar su modo de prepararnos. Y esta es la resistencia que hay en nosotros: dejarnos hacer por Dios. Por eso no es extraño que al comenzar la Cuaresma le pidamos al Señor su ayuda, porque celebrar la Pascua, siguiendo a Jesús, no le es fácil a nuestra naturaleza.  Inauguramos la celebración de la Pascua. Que lo hagamos como cristianos conscientes de nuestra dignidad de hijos de Dios.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas.
Enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

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