Segundo domingo de Cuaresma

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que esta oblación borre nuestros pecados y santifique los cuerpos y las almas de tus fieles, para que celebren dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo nuestro Señor.

P. Ruiz Verdú OFM

Teniendo presente que el pan y el vino que hemos puesto sobre el altar serán, en un futuro inmediato, el Cuerpo y la Sangre de Cristo Jesús, la oración sobre las ofrendas anticipa ya el fruto que se desea recibir del don de la Eucaristía: la santificación de nuestro cuerpo y nuestra alma para que, según la doctrina de san Pablo, sea de verdad templo del Espíritu Santo. Porque uno de los frutos de la participación en la Eucaristía es santificarnos más y más. Y Dios, presente en nosotros, fortalece nuestro cuerpo para que esté más dispuesto y preparado para obrar el bien y vencer el mal. Y siempre con vistas a celebrar dignamente la gran fiesta de la Pascua.

No olvidemos que la Cuaresma es “salir” de uno mismo y unirse a Jesús que camina hacia Jerusalén con sus discípulos y gente que se le une en el camino, algunos de ellos sin saber para qué: tal vez en espera de verle hacer algún milagro. Pero a Jesús se le sigue por el camino de la fe, no por el entusiasmo del milagro.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

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