CUARTO  DOMINGO  DE PASCUA

Reflexionando y orando

Oración colecta del cuarto domingo de Pascua 

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así, el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Él que vive y reina por los siglos.

Pedro Ruiz Verdú OFM

Lo primero que recordamos en esta oración es el regalo inesperado que Dios ha hecho a su Iglesia, a nosotros: el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo. Ante este don de salvación, del que la humanidad estaba necesitada, pero que no era digna de recibir, y sin embargo nos ha hecho partícipes Dios Padre, la Iglesia, admirada, se siente movida y con atrevimiento a pedir que, esa alegría que Jesucristo comunicó a sus apóstoles el día de su resurrección, le sea concedida. ¿Qué razones tiene la Iglesia para tal atrevimiento? Su debilidad. Bien sabe la Iglesia que apoyada en sus fuerzas no puede nada; se lo dijo Jesús: “Sin mí no podéis hacer nada”. Y también nosotros, que formamos parte de la Iglesia, si nos apoyamos en nuestras fuerzas, no vamos a conseguir la ayuda de Dios.

¿Cuál es el objeto de nuestra petición? Conseguir “la alegría eterna del reino de sus elegidos”. La alegría de la que goza Dios y sus santos, la misma que nos trajo Jesucristo con su resurrección.

No es otra cosa la que quiere Dios Padre para nosotros, porque Él sólo desea que la admirable victoria de Jesús, que es el Pastor de la Iglesia, envuelva a todos los que quieren pertenecer al débil rebaño de su Hijo, fortalecido por la victoria de su Pastor sobre la muerte y el pecado.

No olvidemos que somos su pueblo y ovejas de su rebaño, cuyo canto consiste en cantar eternamente las misericordias y el amor del Señor.

 

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