SAN BUENAVENTURA

IV

            2.- Sobre el hombre

El hombre es imagen de Dios, y éste al ser concebido como relación, el Dr. Seráfico también entiende a la persona como ser relacionado, es decir, como estar abierto a, orientado hacia otras realidades distintas de ella y que la hacen intercambiarse y adentrarse en el mundo de Dios, uniéndose a quien es la fuente de la felicidad, de los demás hombres, creando la fraternidad, y de la naturaleza creada, asumiéndola como perteneciente a su ser natural, no como algo extraño. El hombre, pues, está viviendo en medio de las cosas y de los demás con una relación de mutua influencia en la que se da un enriquecimiento por el intercambio de valores creando la dimensión comunitaria, que existe en el mismo Dios Trino.

También el hombre está abierto a Dios, a la trascendencia, en cuanto es imagen de El. Y encuentra a ese Dios cuando ama y conoce. En la actividad del amor, cuando descansa en la fe, la persona se adentra en el mundo divino disfrutando de la presencia de Dios, que a estos niveles es pura gratuidad.

El hombre además es imagen de Dios y, por tanto, participa del ser divino en una historia en la que se da la desemejanza por el pecado y la reconstrucción cuando, unido a Cristo, sigue su conducta e imita sus dimensiones fundamentales, como es el amor y el conocimiento, al estilo de Jesús.

En un mundo como el actual, en el que ya no sólo la Humanidad se ha distanciado de Dios, sino también intenta explicar la naturaleza al margen del acto de amor divino que la creó, San Buenaventura nos hace ver la realidad de una manera en la que se dan la mano Dios, el Hombre y la Naturaleza, para mayor y mejor felicidad humana. De forma que la existencia terrestre no se hace parcial y pobre, sino cuando se abre al infinito de Dios le amplía los horizontes de la vida y le confiere unas dimensiones de amor, que el hombre por sí mismo no puede imaginar.

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