X DOMINGO (B)

Del Evangelio según San Marcos 3,20-35
En aquel tiempo, llega a casa Jesús y sus discípulos, y, de nuevo, se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: « ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir.

1.- También en el Padrenuestro decimos al Señor que nos libre del mal (cf Mt 6,13). Pedir a Dios que nos libre del mal es dirigirnos a su poder omnímodo que está por encima del espíritu diabólico. Él se reserva la lucha contra las posesiones diabólicas que nos maniatan y nos impiden ser personas libres y autónomas, al contrario de los milagros, en los que invita al enfermo a ser protagonista de su propia curación. Jesús constata la asistencia divina en los períodos y ocasiones de prueba en compañía con sus discípulos y al final de sus días. Todos han sido probados en su fe: «Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en las pruebas» (Lc 22,28). La fidelidad y permanencia junto a Jesús realiza la participación en el Reino (cf Lc 22,29). Y debemos saber que nos ocurrirá como a él: que por hacer el bien y seguirle, nos dirán que hacemos actos diabólicos.

2.- Pedimos al Señor, que puede con el poder diabólico, que nos proteja ante tantos peligros que ofrece la cultura, la sociedad y nuestro corazón. Pero la petición alcanza también a la Iglesia: que la comunidad no se introduzca en la corriente del mal que atraviesa la cultura, a fin de rechazar los criterios que impiden la perspectiva divina o del amor. Pues es posible la ambigüedad del bien y del mal, y la confusión que se deduce de ello en la condición actual, o el trueque del mal en bien, como se justifica con la muerte de Jesús: la justifican en nombre de Dios. Y así ha ocurrido muchas veces en la historia: la idea del bien común, o el bien de los poderosos, que se identifican con los poderes satánicos, ha justificado la muerte y persecución de tanto inocente. Eso sí que es maldad. Por eso, Jesús pide expresamente a Dios: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Jn 17,15).

3.- Jesús nos enseña que Dios es la atmósfera que debemos respirar. Dios envuelve nuestra existencia. Con esta perspectiva, cuando nos ocurren situaciones en las que parece que Dios está ausente, sobre todo por la lejanía en momentos de situaciones familiares o sociales tensas, o de enfermedades imprevistas, se entiende que le invoquemos para que nos libre del poder del mal. Es más. Cuando parece que las pruebas y sufrimientos están por encima de nuestras fuerzas, Jesús está ahí para acompañarnos, porque sabe lo que es el dolor, el sufrimiento, la incomprensión y la persecución. A él también le dijeron que era el demonio.

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