X DOMINGO (B)

Del Evangelio según San Marcos 3,20-35
En aquel tiempo, llega a casa Jesús y sus discípulos, y, de nuevo, se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir.

1.- Los Evangelios presentan una tensión entre la familia de Jesús y sus discípulos (cf Jn 7,2-4). La familia se sorprende de cómo la gente le sigue, le escucha y espera de él la liberación de todos sus males. Y Jesús crea una nueva familia fundada en la escucha y cumplimiento de su Palabra (cf Lc 6,47).- La segunda parte del Evangelio muestra la maldad de los escribas cuando identifican el bien con el mal, a Jesús con el diablo, cuando el diablo es el que rivaliza con Dios para dominar la creación. El hombre debe elegir entre Dios o el diablo. No hay término medio; debe situarse, en su existencia, en el campo del demonio o en el campo de Dios. Por otra parte, cuando la persona se introduce en cualquiera de las dos esferas, es portadora de sus intereses y recibe de una manera permanente su influencia.

2.- A la acusación de los escribas de que expulsa a los demonios porque pertenece a su esfera, Jesús responde con la obviedad de que un reino no puede estar dividido, pues llevaría consigo su ruina. Entonces, se concluye con esta frase de Jesús: «Pero si yo expulso los demonios con el dedo de Dios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios» (Lc 11,20). El «dedo de Dios» evoca el libro del Éxodo (8,15), cuando el Señor actúa en favor de su pueblo y en contra del Faraón que impide la salida de los israelitas de Egipto. Jesús, como Moisés, es la fuerza de Dios que libera al hombre del dominio del mal. Su actuación demuestra que el Reino ha llegado a vosotros, a los que perciben en su vida la libertad y la salud, o son testigos de que esto está sucediendo. La cercanía de Dios es tal que se muestra como un Rey cuya llegada a la historia libera del poder del mal y, a la vez, vence al enemigo más encarnizado del hombre, porque este, por sí mismo, no puede desligarse de quien lo tiene atrapado entre sus cuerdas. Es necesario atar al que es más fuerte que el hombre, vencer al que es más poderoso. Es lo que hace Jesús con sus exorcismos.

3.- Como el poder diabólico puede con nosotros, le pedimos al Señor en el Padrenuestro que no nos ponga en tentación, como aconseja Jesús a sus discípulos en la oración en el huerto antes de la pasión: «Velad y orad…» (cf Mc 14,38), tentación que él mismo ha sufrido en el desierto antes de proclamar la venida del Reino (cf Mc 1,12-13). También le pedimos al Señor que nos ayude para salir de ella, o para vencerla: «Simón, Simón, Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti para que no pierdas la fe» (Lc 22,31-32). En cualquier caso, estas tentaciones van más allá de la pequeñas pruebas cotidianas que suceden con frecuencia. Son las tentaciones que sufre Jesús, y que se dirigen a apartarnos de la relación con Dios y romper el sentido de vida cristiano, dejándonos al arbitrio del egoísmo e intereses de los demás.

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