EL DERECHO HUMANO AL AGUA

Francisco LÓPEZ BERMÚDEZ
Universidad de Murcia

El Día Mundial del Agua se celebra, anualmente, desde 1992, el 22 de marzo como un medio de llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de los recursos de agua. En julio de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. La resolución exhorta a los estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequibles para todos.

Laudato SI señala que “el agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. La encíclica señala también la gravedad de la contaminación del agua, “un problema particularmente serio es la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días debido a enfermedades causadas por microorganismos y sustancia químicas”. Los cuerpos de agua se encuentran en peligro de distinto tipo: “Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación, que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales”, la contaminación amenaza ríos, lagos y mares, provoca la desaparición de humedales y convierte a los mares en “cementerios subacuáticos despojados de vida y de color”. La solución del problema del agua implica también, señala Laudato Si, “una cuestión educativa y cultural que haga conciencia de la gravedad de conductas de derroche.

El pasado mes de Febrero en la clausura del SeminarioEl Derecho Humano al Agua,celebrado en el Vaticano,el Papa Francisco ante los participantes defendió que “el derecho al agua es determinante para la sobrevivencia de las personas y decide el futuro de la humanidad”. Francisco pidió garantizar ese derecho de forma efectiva en los ordenamientos jurídicos de los Estados y se reconoció dolorido cuando observa cómo en algunos países no se da prioridad a esta materia. Dijo lo doloroso que es cuando en la legislación de un país o de un grupo de países no se considera al agua como un derecho humano. Más doloroso aun es cuando se quita lo que estaba escrito y se niega este derecho humano”. Para el Obispo de Roma, el derecho al agua es fundamental para la paz. “Yo me pregunto si en medio de esta ‘tercera guerra mundial a pedacitos’ que estamos viviendo, no estamos en camino hacia la gran guerra mundial por el agua”.

Para ejemplificar la dimensión del problema del acceso al agua, se remitió a cifras suministradas por las Naciones Unidas: Casi novecientos millones de personas en el mundo carecen de acceso seguro al agua potable, “cada día mil niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua y millones de personas consumen agua contaminada”. “Estos datos son muy graves; se debe frenar e invertir esta situación. No es tarde, pero es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua y de su valor esencial para el bien de la humanidad”, indicó.

En definitiva, lo que pidió Francisco es situar el derecho al acceso al agua en el lugar que le corresponde. “En este compromiso de dar al agua el puesto que merece, hace falta una cultura del cuidado y, además, fomentar una cultura del encuentro en la que se unan en una causa común todas las fuerzas necesarias de científicos y empresarios, gobernantes y políticos”, dijo. “El respeto del agua, continuó, es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Si acatamos este derecho como fundamental, estaremos poniendo las bases para proteger los demás derechos. Pero si nos saltamos este derecho básico, ¿cómo vamos a ser capaces de velar y luchar por los demás?”.

El Papa Francisco, en su intervención en el citado acto de clausura del Seminario organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias, la falta de acceso al agua potable “hace que nuestra casa común sufra tanta miseria y clame por soluciones efectivas, realmente capaces de superar los egoísmos que impiden la realización de este derecho vital para todos los seres humanos”. Por ello, defendió que la cuestión del agua es fundamental y urgente. Es fundamental “porque donde hay agua hay vida, y entonces puede surgir y avanzar la sociedad”. Además, es una cuestión urgente, “porque nuestra casa común, la Tierra, necesita protección y, además, asumir que no toda agua es vida: solo el agua segura y de calidad”. El Papa se remitió al libro del Génesis para recordar que “el agua está en el comienzo de todas las cosas”.

El Papa en su discurso continuó exponiendo sus valiosas reflexiones sobre el recurso vital que es el agua. Nuestro derecho al agua es también un deber con el agua”. “Del derecho que tenemos a ella se desprende una obligación que va unida y no puede separarse. Es ineludible anunciar este derecho humano esencial y defenderlo, pero también actuar de forma concreta, asegurando un compromiso político y jurídico con el agua”. Por ello, Francisco hizo un llamamiento a los Estados para que asumieran su responsabilidad en el acceso de sus ciudadanos al agua, y pidió a los responsables políticos establecer procedimientos concretos para hacer efectivo este derecho. “Cada Estado está llamado a concretar, también con instrumentos jurídicos, todo lo indicado por las Resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 2010 sobre el derecho humano al agua potable y el saneamiento.

Por último, el Pontífice valoró la importancia de la educación: “es prioritario también educar a las próximas generaciones sobre la gravedad de esta realidad. La formación de la conciencia es una tarea ardua; precisa convicción y entrega”. El Papa Francisco concluyó con la petición de que todos los actores implicados en garantizar el derecho al agua unan sus fuerzas para hacerlo efectivo. “Es preciso unir todas nuestras voces en una misma causa; ya no serán voces individuales o aisladas, sino el grito del hermano que clama a través nuestro, es el grito de la tierra que pide el respeto y el compartir responsablemente de un bien, que es de todos. En esta cultura del encuentro, es imprescindible la acción de cada Estado como garante del acceso universal al agua segura y de calidad”, finalizó

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