RAIMUNDO LULIO

II

2.- Obra

Raimundo Lulio se le conoce como el Doctor Illuminatus. Está imbuido del espíritu franciscano e intenta aplicarlo desde una concepción personal donde prima la perfección individual, la predicación universal de la fe, la cultura del diálogo frente a la violencia y agresividad entre las personas y los pueblos. Por eso confia que, a través de la cultura,que no de las armas, se puede reformas a las personas, las leyes y convertir a los herejes e infieles. Es por esto que se entregó al Arte que le reveló Dios para llevar a cabo tal misión. De aquí nacen el Ars brevis, el Ara generalis y el Ars magna.

Pero además escribió más de 250 obras en catalán, en latín y en árabe. Se le considera como el patriarca de la lengua catalana, pues la mayoría de sus libros los escribió en su lengua materna, y muchos que aparecen en latín, se los hizo traducir debido a que no lo dominaba hasta el punto de plasmarlo con claridad y soltura.

Con tanto libro expresa Raimundo Lulio un pensamiento enciclopédico, pero con una finalidad apologética. Es decir, la intención básica que le anima continuamente es, a la mencionada de hacer prevalecer la verdad por el diálogo y la razón, la que esté enraizada en la vida y en los auténticos problemas humanos, a fin de evitar que la teología o filosofía se queden aisladas en las aulas y no sirvan para la transformación en bondad de las personas y sociedad.

A la cultura y lógica como servicio a la persona, le une la finalidad cristiana y franciscana; No aprende en el Estudio de los Franciscanos de París y, por tanto, no bebe de las fuentes intelectuales y grandes maestros de la Orden. Sin embargo, como veremos, es el mismo espíritu que le anima. Si le falta el rigor universitario en la exposición, llena ésta de problemas y soluciones que atañen directamente a la vida de los hombres, y que desean una existencia en paz y una relación con Dios más humana e histórica. Esto, por el contrario, no aparece en tantos libros desgajados de las verdaderas necesidades de los hombres. Por esto no es un escolástico ni en su método, ni en sus pretensiones. No aduce la autoridad de Aristóteles, o Agustín para articular un pensamiento metafísico. Emplea más bien la literatura en su género de novela, poesía, o la matemática y la lógica para adentrarse en el rico mundo del hombre y de Dios.

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