XVI DOMINGO (B)

 

 Del Evangelio según San Marcos 6,30-34.

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a solas a un lugar desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

1.-  El relato de la creación termina con el descanso del Señor: «Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo […]. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró» (Gén 2,1-3). El Señor, como un obrero, descansa del trabajo de crear todo cuanto existe. Jesús se coloca en la misma perspectiva. Después de proclamar la presencia del Reino con las curaciones de las enfermedades y de los poseídos, Jesús invita a descansar a sus discípulos. Pero los dos descansos tienen sentidos diferentes. El descanso del Señor es para que el último día de la semana se le dedique a Él, es decir, se reconozca que los bienes de la tierra son un don suyo, porque es propietario de todo cuanto existe. No todo lo que tenemos es fruto exclusivo de nuestro esfuerzo. El descanso de Jesús es el reposo necesario que sigue a todo esfuerzo humano. Los cristianos los hemos unido, porque los dos forman parte de nuestro sentido de vida humano y religioso.

 

      2.- La comunidad cristiana, como institución de servicio, nunca debe descansar. Siempre tiene que estar a disposición de las necesidades de los hombres en cualquier tiempo y lugar. Jesús siente que se le conmueven las entrañas al ver el hambre de pan y de esperanza que tiene su pueblo. Por eso el descanso no se puede convertir en una norma tan rígida que administre el servicio con un horario laboral: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado». Ser amo del sábado significa que todo tiempo es bueno para hacer el bien, porque las necesidades no aparecen en la jornada de ocho horas de trabajo exclusivamente.

 

              3.- Si la comunidad tiene siempre las puertas abiertas para salir en ayuda de los pobres o recibirlos para que sean asistidos, la persona, el individuo, por el contrario, necesita su reposo. El servicio necesita su reposo cuando se cuantifica en cualquier clase de esfuerzo humano: intelectual, psíquico o físico. Por otro lado, no se puede concebir nuestra existencia solo por el esfuerzo productivo. Como hemos afirmado, necesitamos otras actividades que nos hagan también personas: orar, leer, compartir la vida en el diálogo personal, en el ocio, en la fiesta. Y ello hay que insertarlo como una parte esencial de nuestra vida; de lo contrario, nos convertimos en máquinas de producir, donde el descanso veraniego, como el del fin de semana, es un tiempo para reponer fuerzas para seguir produciendo. Y esto es pobreza humana, porque la persona se convierte en una máquina. Hay que aprender a perder el tiempo, a ver pasar el tiempo, y hacer cosas distintas de nuestras responsabilidades sociales.

 

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