XXV DOMINGO (B)

 

Del Evangelio según Marcos 9,29-36.

En aquel tiempo, instruía Jesús a sus discípulos. Les decía: Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!». Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla?

1.- Servir es ofrecer la vida con generosidad. Jesús, pues, se pone como ejemplo ante los Doce, que deben seguir su conducta para abrir sus brazos como el Padre, acoger y rodear a los pequeños, y servirles para que alcancen su dignidad filial. Un ejemplo emblemático de esta actitud lo relata el cuarto Evangelio: «[Jesús] se levanta de la mesa, se quita el manto, y tomando una toalla, se la ciñe. Después echa agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida […] Pues si yo […] os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies» (Jn 13,4-5.14).

2.- La actitud que provoca una relación de servicio mutuo es el clima que debe reinar en la comunidad que forma el discipulado. Y esto no deben perderlo, por más sufrimiento que entrañe su misión y convivencia: «Todos serán sazonados al fuego […] Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonarán? Vosotros tened sal y estad en paz entre vosotros (Mc 9,49-50par). Que la fraternidad viva en un ambiente de concordia es posible en la medida en que contemple la vida como servicio mutuo. Así dará un sabor nuevo a la existencia.

3- El servicio de la comunidad cristiana se expresa en las ayudas y programas de rescate de niños, de jóvenes y de enfermos de los cientos de instituciones que llevan adelante las comunidades cristianas. Es ahí donde se demuestra que el servicio es salvación; o que hay que olvidarse de sí para rescatar al indigente; o que la generosidad y solidaridad es una actitud vital y se demuestra día tras día. Pero también hay que estar dispuesto a afrontar situaciones especiales. Es la invitación del Papa a las comunidades critianas para que acojan a los refugiados; o denunciar a quienes provocaron la huida de la gentes de sus países, de sus casas y de sus trabajos; o descubrir a quienes asesinan a niños a patadas por ser cristianos, porque no merecen siquiera una bala; o los ahorcan; o los dejan que se ahoguen en el mar….

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