La primera familia cristiana

Del Evangelio según San Lucas 2,41-52.
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

1.- Dios abandona su templo cuando habitan entre sus muros otros dioses que conducen a la degradación moral y a la persecución del pueblo (cf Ez 11,23). Los cristianos sueñan con una nueva Jerusalén. Porque en Jerusalén han crucificado a Jesús, y se ha rasgado el velo del templo (cf Mc 15,38). Así, la ciudad y el templo se sitúan fuera de la esfera cristiana. Jerisalén y sus autoridades religiosas impiden el deseo de Jesús: «Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces intenté reunir a tus hijos como la gallina reúne la pollada bajo sus alas, y os resististeis» (Mt 23,37), y le hacen llorar: «Al acercarse y divisar la ciudad, dijo llorando por ella: —¡Si también tú reconocieras hoy lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos» (Lc 19,41-42). El cristianismo fundará una nueva Jerusalén, basada en la nueva alianza de Dios con los hombres, que será un don de Dios bajado del cielo (cf Ap 19,8), donde en el nuevo templo, Jesús resucitado, se adorará a Dios en espíritu y verdad (cf Jn 4,24).

2. –Terminada felizmente la búsqueda de Jesús, María y José regresan a Nazaret. De nuevo el evangelista Lucas comprueba que Jesús estaba bien al escribir: «Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52). Las tres relaciones fundamentales de la vida humana: con Dios, con los demás y consigo mismo se desarrollan en Jesús manteniéndose en la dura ley del espacio ―Nazaret, Cafarnaún, en definitiva, Galilea― y el tiempo ―el año 749 ó 750 de la fundación de Roma.

3.- Jesús será la luz que ilumine el sentido de la vida de la colectividad humana, y será la gloria de Israel y de la humanidad. Una misión que deben continuar sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de un celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo» (Mt 5,13-16).

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