II Domingo T.O.

Oración después de la comunión
Derrama, Señor, en nosotros tu Espíritu de caridad, para que hagas vivir concordes en el amor a quienes has saciado con el mismo pan del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

P. Ruiz Verdú OFM

Lo que a Dios le pedimos después de la comunión nos recuerda uno de los aspectos del amor: la concordia. Esta es nuestra vocación: “sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz”. Esta exhortación de San Pablo a los cristianos de Éfeso (4, 2s) es lo que le pedimos a Dios Padre que realice en nosotros, que hace unos momentos hemos participado de la Cena de su Hijo Jesús, “el signo de la unidad y el vínculo de la caridad” (San Agustín), enviándonos su Espíritu. La Eucaristía nos ayuda a comprender y vivir el amor que Dios nos tiene.

Tú, Señor, nos sacias del pan de tu mesa,
y nos preparas una copa que rebosa felicidad.

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