ESCUELA FRANCISCANA DE BOLONIA (s. XIII).

Bolonia, ciudad italiana universitaria por excelencia, contaba unos diez mil estudiantes de Artes liberales y Derecho romano, cuando aparecieron en ella los Frailes Menores con Bernardo de Quintavalle, hacia 1211. En 1213, un profesor de la Universidad, Nicolás de Pepoli, les procuró habitación, que pronto resultó insuficiente, y entonces otro profesor, Accursio el Grande, el jurista más célebre de su época, les cedió una quinta, que poseía cerca de la ciudad. El Provincial, Pedro o Juan de Stachia, igualmente jurista, se apresuró a aceptarla. Debió de ocurrir esto durante la permanencia de san Francisco en Oriente. A su vuelta (1220), pasó por Bolonia. Supo que sus hijos poseían allí una casa, y no pudiendo ocultar su descontento, les ordenó salir al momento a todos sin excepción. Allí se encontraba enfermo Tomás de Celano; él es quien nos ha conservado el recuerdo de este suceso, y nos cuenta cómo el Santo no permitió a sus frailes volver a esta casa hasta que el Cardenal Hugolino declaró públicamente ser de su propiedad (2 Cel 58).

Según el testimonio de Tomás de Spalato, Francisco volvió a Bolonia en 1222. Su paso produjo impresión tan grande en el ambiente universitario, que numerosos estudiantes solicitaron el honor de ser admitidos en su Orden. ¿No sería en esta ocasión cuando se rogó al Santo que tuviese a bien que Fray Antonio explicase a los frailes la teología? Bien se puede presumir y sin gran temeridad. Recuérdense las condiciones en que Francisco concedió el permiso solicitado. San Antonio puede, pues, ser considerado como el primer Lector, es decir, como el primer profesor de ciencia sagrada entre los franciscanos. Empero, esto es verdad tan sólo en el sentido amplio de la palabra. Las lecciones que dio en el convento de Bolonia, y después en los de Toulouse y Montpellier con ocasión de morar en estas dos ciudades universitarias de Francia, no constituían una enseñanza teológica regular; pero era al menos el primer paso hacia una organización de estudios que pronto sería realidad feliz en Bolonia.

Era preciso dar a la juventud estudiosa que llenaba el convento un alimento adecuado, y una enseñanza teológica sólida. La que inauguró San Antonio fue ciertamente continuada, aunque no se conozcan los nombres de sus inmediatos continuadores. Y lo fue con éxito, pues en 1236, Gregorio IX interesó la caridad de los fieles para la construcción de un convento más espacioso, capaz de albergar una Escuela de Teología en que se formasen Lectores para los principales conventos de la Provincia. A una con el de Bolonia, estos conventos llegaron a ser centros de estudios, cuyos cursos no estaban reservados a sólo los Frailes Menores. Dada la reputación científica de sus Maestros, el Papa Inocencio IV, en 1249, concedió a los clérigos seculares que acudían a sus cátedras un privilegio idéntico al que disfrutaban los estudiantes de la Universidad de París: el derecho de percibir rentas de sus prebendas y beneficios eclesiásticos durante los cinco años que duraban sus estudios.

En la Universidad de Bolonia no se enseñaba la Teología, y por ello la escuela de los Menores no estaba agregada a ella, ni poseía el derecho de conferir grados. Los Frailes Menores, en Italia, y lo mismo debe decirse de los Frailes Predicadores, para conservar dentro y fuera el buen nombre de sus estudios, se vieron precisados a enviar a alguna facultad de Teología los religiosos destinados a la enseñanza. De ordinario iban a París.

  1. Gratien de París, Historia de la fundacion y evolucion de la Orden de Frailes Menores en el siglo XIII.Madrid 2006.

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.