XVIII Domingo T.O.

Oración después de la comunión
A quienes has renovado con el don del cielo acompáñalos siempre con tu auxilio, Señor, y ya que no cesas de reconfortarlos, haz que sean dignos de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
P. Ruiz Verdú OFM
Los que hemos recibido la comunión hemos sido renovados por el Cuerpo y Sangre de Cristo Jesús. Fuimos hechos nuevas criaturas por el Bautismo, pero necesitamos ser restaurados, que Dios sane nuestras heridas diarias, que de nuevo Dios tome su cincel y con él vaya limpiando la suciedad que se  adhiere diariamente a nuestra alma. Es lo que le pedimos: que su auxilio nos acompañe; que nos proteja y defienda, pues la debilidad de nuestra voluntad necesita la fuerza divina. Le pedimos que siempre sea así.
Y ya que no cesas de reconfortarnos… Es motivo de alegría saber que la fuerza de Dios siempre nos acompaña. Él es quien gratuitamente nos dio, nos da y nos dará la vida eterna. Él nos va dignificando para recibir este regalo de su amor, gracias al amor de Padre que, en Jesús, nos sigue dando.
El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu
de que somos hijos de Dios;

y, por tanto, herederos de la vida eterna (Rom. 8)

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