VI DOMINGO DE PASCUA

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios todopoderoso, concédenos continuar celebrando con fervor sincero estos días de alegría en honor del Señor resucitado, para que manifestemos siempre en las obras lo que repasamos en el recuerdo.

La característica del tiempo pascual es la alegría, la cual unifica todos los demás aspectos que venimos celebrando. La paz y la alegría fueron el primer anuncio de Jesús a los apóstoles y a las mujeres.
Estamos celebrando días de alegría. El peligro que comporta su repetición es el cansancio y la rutina. Por eso, le pedimos a Dios que nos conceda “continuar celebrando con fervor sincero”, que no se nos apague el entusiasmo de la Vigilia pascual, el gozo del anuncio en aquella noche en la que el ángel nos decía que Jesús ha resucitado, venciendo la muerte. Porque es en honor de Cristo, a quien Dios Padre ha resucitado, que celebramos los cincuenta días de festividad pascual. Es posible, dado el número de días,  que esta verdad se nos olvide. Por eso la Iglesia nos lo recuerda domingo tras domingo. La resurrección de Jesús es el centro de nuestra fe y la esperanza que nos anima a vivir la fe en el amor.
Este es el significado de la petición final: que los misterios de la resurrección transformen nuestra vida, de tal manera que seamos luz para el mundo, que a la vez que ilumina, su resplandor en nuestras obras manifieste, mediante el testimonio de la paz y la alegría, que en Cristo hemos resucitado.
Dice Jesús: “No os dejaré huérfanos. Yo le pediré al Padre, que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.

Oración sobre las ofrendas
Suban hasta ti, Señor, nuestras súplicas con la ofrenda de este sacrificio, para que purificados por tu bondad, nos preparemos para el sacramento de tu inmenso amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

       Ofrecemos a Dios Padre el sacrificio de su Hijo, que dejó a su Iglesia para que lo ofreciese como sacrificio de acción de gracias y de reparación por los pecados. A esta ofrenda unimos nuestras súplicas. Más óptima unión no podemos hacer para ser escuchados por Dios. Es el mismo Cristo Jesús quien ofrece a Dios lo que le pidió, ya que él vino a hacer la voluntad de su Padre.
Por este sacrificio somos purificados de nuestros pecados y así podremos participar dignamente del sacramento de la Eucaristía, sacramento del amor de Cristo a nosotros. Por él, Jesús nos ayuda para que le amemos en verdad y seamos amados por su Padre y por él. “Dad testimonio de vuestra esperanza” (1ª carta de san Pedro)

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has renovado para la vida eterna, multiplica en nosotros los frutos del Misterio pascual e infunde en nuestros corazones la fortaleza del alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Celebramos la Santa Misa atraídos por la fe, la cual nos ha permitido participar de la Mesa del Señor. Ahora, llenos de Dios, le confesamos como Poderoso y eterno,  apoyados, para nuestra atrevida petición, en la resurrección de Jesucristo; ella nos ha puesto en camino para llegar a la vida eterna. Puestos en camino, conociendo nuestras limitaciones y debilidades y la necesidad que tenemos de la fortaleza que ha brotado del Misterio pascual que la fe nos ha descubierto, le pedimos que multiplique sus frutos en nosotros. Esta es nuestra acción de gracias que es petición; petición de permanencia y crecimiento de la fortaleza del Espíritu en nosotros.

Nos dice Jesús:
Yo le pediré al Padre que os envíe el Espíritu Santo,
que esté siempre con vosotros.

 

 

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