XVIII DOMINGO T.O.

 P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta

Derrama, Padre, tu misericordia sobre tu pueblo suplicante, y ya que nos gloriamos de tenerte por Creador y Señor, renueva en nosotros tu gracia y consérvala en tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 Por Jesús, Dios es nuestro Padre;  y a nuestro Padre acudimos al comenzar la celebración de la Eucaristía, presentándonos como hijos suyos. Porque somos sus hijos le pedimos que venga en nuestra ayuda. Tal atrevimiento por parte nuestra y confianza nos viene de Cristo Jesús, que nos enseñó a llamar a Dios con el dulce nombre de Padre: “ven en ayuda de tus hijos”, Señor. Con esta confianza le pedimos que derrame abundantemente su bondad, el bien que Él es, su amor sobre nosotros que le estamos suplicando en la celebración de la Eucaristía. Esta gracia es la que esperamos alcanzar. Así nos renovará, pues Él es nuestro creador, y conservará en nosotros todo lo que ha hecho nuevo en nuestro corazón, pues por Él existimos y por Él caminamos por el buen camino.

Señor, tú eres mi auxilio y liberación.
Date prisa en socorrerme.
Señor, no tardes

 

Oración sobre las ofrendas
Santifica los dones que te presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual,
conviértenos en ofrenda eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

Los dones que hemos puesto sobre el altar nos han sido dados por Dios: pan y vino. Si vienen de Dios deben estar ya santificados, porque toda la creación, salida de la mano del Creador, está santificada. Sin embargo, le pedimos al Señor, que en su bondad, los santifique ya que deseamos que – el pan y el vino – se conviertan en sacrificio espiritual, a fin de que lo  que nos es tan necesario para la vida corporal, nos sea más aún  para nuestra vida espiritual: la ofrenda de la Eucaristía. Pero es necesario que también nosotros seamos transformados, por la fuerza de este sacrificio, en oblación agradable a Dios, en vida santa, manifestación visible del amor de Dios.
Dejemos que el Espíritu renueve nuestra mentalidad, alimentándonos del alimento que nos da Cristo Jesús: la Sagrada Comunión.

Oración después de la comunión
Acompaña y protege siempre, Señor, a quienes has renovado con este don celestial, y ya que nos reconfortas constantemente concédenos participar de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Los que hemos recibido la comunión hemos sido renovados por el Cuerpo y Sangre de Cristo Jesús. Fuimos hechos nuevas criaturas por el Bautismo, pero necesitamos ser restaurados, que Dios sane nuestras heridas diarias, que de nuevo Dios tome su cincel y con él vaya limpiando la suciedad que se  adhiere diariamente a nuestra alma. Es lo que le pedimos: que su auxilio nos acompañe; que nos proteja y defienda, pues la debilidad de nuestra voluntad necesita la fuerza divina. Le pedimos que siempre sea así.
Y ya que no cesas de reconfortarnos… Es motivo de alegría saber que la fuerza de Dios siempre nos acompaña. Él es quien gratuitamente nos dio, nos da y nos dará la vida eterna. Él nos va dignificando para recibir este regalo de su amor, gracias al amor de Padre que, en Jesús, nos sigue dando.

El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu
de que somos hijos de Dios;
y, por tanto, herederos de la vida eterna (Rom. 8)

 

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