EL BAUTISMO DEL SEÑOR

 

P. Ruiz Verdú OFM

                Oración colecta

                Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste a Cristo como Hijo tuyo muy amado, cuando era bautizado en el Jordán, y el Espíritu Santo descendía sobre él; concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu, perseverar siempre en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo

                Jesús fue al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista. Y allí tuvo lugar la extraordinaria manifestación, por obra de Dios Padre, de quién es Jesús: este Hombre, nacido pobre en Belén, es su Hijo amado y predilecto, sobre quien envía el Espíritu Santo, y así pueda cumplir la misión para la cual ha sido enviado.
Por Jesús, el Hijo de Dios, hemos sido adoptados como hijos, una adopción real y verdadera; adopción que se nos regaló el día de nuestro bautismo, cuando nacimos de nuevo por el agua y el Espíritu Santo, cuando en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, se derramó sobre nosotros el agua de la salvación.
Por esto, porque somos hijos, nos atrevemos a pedirle la perseverancia continua en el cumplimiento de su voluntad. La debilidad es una de nuestras constancias y sin la ayuda divina no nos es posible cumplir siempre su voluntad. Este es el motivo de nuestra petición, que debemos hacer con la confianza de que será atendida porque somos hijos de Dios en Cristo Jesús.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Padre, los dones que te presentamos al celebrar la manifestación de tu Hijo amado, para que nuestra ofrenda se convierta en el sacrificio de Aquél que, misericordiosamente,quiso lavar los pecados del mundo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

                Dos actitudes deben acompañar nuestro corazón al presentar nuestras ofrendas: la actitud humilde y la actitud misericordiosa. Revestidos de este modo, puede que Dios nos escuche. La oración así lo reza. Se trata de una petición hecha con espíritu humilde, desde nuestra pobreza. Si misericordiosamente quiso Jesús lavar nuestros pecados en el río Jordán, también le pedimos a Dios Padre que,  misericordiosamente, reciba los dones que hemos colocado sobre el altar, porque Él puede realizar lo que deseamos: que se conviertan en el sacrificio de su Hijo, pues por él fuimos liberados del pecado.

“No es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras
por lo que agradamos a Dios,
sino por el amor con que las hacemos”
(San Francisco de Sales)

Oración después de la comunión
Alimentados con el pan del cielo, te pedimos, Padre, que escuchemos con fidelidad a tu Hijo unigénito y así nos llamemos y seamos verdaderamente hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Un buen momento para dialogar con Jesús y pedirle las muchas cosas espirituales que necesitamos es después de comulgar. La oración nos recuerda que nuestra petición la hagamos apoyados en la bondad de Dios: “porque tú eres bueno, Señor, concédenos lo que te pedimos”. Se nos recuerda que para ello debemos escuchar fielmente a Jesús, el Hijo del Padre, el amado, el predilecto. Hay que tender la mano para recibir y también tenderla para dar, porque el que recibe pensando sólo en el servicio propio, puede sucederle que lo recibido se le caiga de las manos. La petición final de esta oración nos recuerda nuestro bautismo: no solamente en él se nos dio el nombre de hijos de Dios, sino que fuimos de verdad adoptados como hijos: ¡gran riqueza se nos concedió aquel día! ¡Gracias sean dadas a Dios Padre por Jesucristo!

El Señor bendice a su pueblo con la paz
que sólo Él puede dar.
¡Hijos de Dios, aclamemos al Señor!

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