JESÚS DE NAZARET ES UN HOMBRE VERDADERO

Pilar Sánchez Álvarez
Jesús es un figura histórica, pero la pregunta fundamental para el cristiano consiste en si es importante recuperar esa figura histórica de Jesús.
Esta pregunta solo tiene una única respuesta: es trascendental, porque es en Jesús de Nazaret, en su humanidad histórica concreta, donde se manifiesta la identidad de Dios. Juan Pablo II en su carta encíclica Redemptoris missio de 1990, afirma rotundamente: “Cristo no es sino Jesús de Nazaret, y este es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de los hombres”.
González de Cardedal, analizando su humanidad, afirma: «…Jesús es un judío real. Jesús es un hombre real. Con estos dos elementos hemos superado dos escollos con las que la fe puede tropezar: reducir la humanidad del Jesús a puro concepto, abstracción o incluso mito universalmente válido y no fiable por nada, quedando así a la merced de la ideología, cultura o política dominante. La segunda tentación o escollo que hemos superado es el que consiste en identificar a Jesús con una personalidad sublime, fuera de este mundo, inaccesible, inimitable; con confesarle como Hijo de Dios en una forma con la que los humanos y que, por consiguiente, no iluminaría nuestro propio ser de hombres. Hoy la cristología puede estar orgullosa de haber recuperado la humanidad de Jesús en su concreción judía,pero a la vez haberla mostrado como la realización de una humanidad abierta desde sí misma al Absoluto, sintiéndose ordenada a él, logrando en él su máxima posibilidad, siendo humana desde el afincamiento y el desbordamiento en lo divino»[1].
Y René Trossero insistiendo en su naturaleza humana, escribe: «Jesús de Nazaret vivió todos los sentimientos, que expresan el amor a sí mismo y a los hermanos. Se alegró porque el Padre obra en el corazón de los hombres; se entristeció y lloró ante la muerte de un amigo; se conmovió y compadeció ante una muchedumbre que lo seguía como ovejas sin pastor y sin pan; sintió misericordia para con los pecadores; sintió gratitud ante el Padre que lo escuchaba; sintió ternura para con los niños; sintió rabia ante los profanadores del templo y ante la falsedad e hipocresía de los fariseos; sintió angustia ante su propia muerte; sintió amor por su amigos y por todas las personas»[2].
La Biblia presenta una visión del ser humano en la que la dimensión espiritual aparece junto a la dimensión física, social e histórica del hombre, y esta imagen está en consonancia con la visión psicosomática de la ciencia actual .[Después de que Daniel Goleman popularizó la “Inteligencia Emocional”, hoy se conoce como una emoción puede tener manifestaciones fisiológicas, y cómo influye en la inteligencia, en la conducta, o en los estados de ánimo].
El hombre, como todo ser vivo, tiene necesidades biológicas y, a la vez, por ser racional posee unas necesidades espirituales, en interacción constante, y tanto unas como otras, son esenciales, y deben ser satisfechas. Una de las necesidades fundamentales del hombre es la de filiación, el relacionarse con los demás[3]. Y esta relación está basada en la confianza que implica reciprocidad.
El hombre tiene necesidad de relacionarse con lo sagrado, como reconocimiento de algo totalmente exterior a él, como “el absolutamente otro”, siendo ese otro, bien poder, bien realidad absoluta, bien persona, etc., dependiendo de las circunstancias de cada sociedad y de cada individuo. Esa fuerza exterior es superior y responde a sus aspiraciones, creando símbolos y rituales para asegurarse la intervención divina, llamada hierofanía[4]. Entre las cualidades inherentes en el hombre está la comunicación con el otro, pudiendo hacerse preguntas él mismo y contestando a las preguntas de los demás.
¿Cómo se puede llegar a conocer a una persona? Nunca de forma directa, porque es imposible acceder inmediatamente a su mentalidad; se conoce por las palabras que ella misma manifiesta y por la conducta observada, analizando si existe coherencia entre ambas.
Para intentar acercarse al misterio de Dios, hay que hacerlo a través de Jesucristo, su Hijo, que es el rostro visible del Invisible. Ese Hijo es Jesús de Nazaret, un hombre, y analizando los dichos y los hechos, transmitidos de generación en generación, realizados por él, la humanidad puede llegar a acercarse al misterio de Dios, sin llegar nunca a su pleno conocimiento.
Jesús como hombre tuvo emociones y sentimientos, manifestados en el estudio de los documentos cristianos[5]: “En total se pueden contabilizar unas sesenta menciones. La mayoría se encuentran en Juan, con un total de veintiocho referencias, seguido de Marcos, con dieciséis, Mateo tiene diez, y Lucas solo seis”. San Marcos es el que más ama de emociones expone.
- a) Análisis de algunas emociones en Jesús de Nazaret extraídas del evangelio
Existen seis emociones universales en todos los hombres y en todos los tiempos, que combinándose dan lugar a las múltiples emociones complejas.
Estas son: alegría, miedo, tristeza, sorpresa, ira y asco o repulsión. ¿Las sintió Jesús de Nazaret?
– Alegría
- (Lc 10, 21), al volver los discípulos de su misión.
- (Jn 15, 11), en la despedida de sus discípulos antes de su pasión.
- (Jn 17, 13), cuando se dirige al Padre en oración.
- (Mc 2, 19) La presencia viva de Jesús generaba en sus discípulos una alegría liberadora: “¿acaso pueden los compañeros del novio ayunar mientras el novio está con ellos? Mientras que tienen con ellos al esposo no pueden ayunar”.
– Ira y tristeza
- (Mc 3, 5), curación del hombre de la mano paralizada, en los otros evangelistas se omite.
- (Jn 2, 13-17), mercaderes en el templo.
- (Lc 17,17-18), ingratitud de los nueve leprosos curados
- (Mt 11, 20-24), increpa a las ciudades de Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm.
- (Mc 10, 13-1), enfado y tristeza. “Dejar que los niños se acerquen a mí”.
– Admiración y sorpresa
- (Mt 8, 10; Lc 7, 9) ante el centurión romano.
- Ante la generosidad del joven rico, ante la fe de un pagano (Lc 7,9),
con la sabiduría del escriba (Mc 12,34), con la incredulidad de los de Nazaret
(Mc 6,6).
– Jesús lloró de tristeza:
- (Jn 11, 33-38), muerte de Lázaro. «Jesús se echó a llorar» por su amigo. muerto. Los judíos entonces dijeron: “¡Miren cuánto lo quería!”.
- (Jn 11, 35-36), lloró por Jerusalén. (Lc 19, 41).
– Jesús gritó por la sensación de soledad:
- (Jn 7, 2), cuando san Juan relata «la fiesta judía de las Tiendas» nos dice que Jesús, en el templo, «gritó… diciendo: “El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí” (Jn 7, 37-38).
- (Mc 15, 34), en las narraciones de la pasión, cuando Jesús expresa su sentimiento de abandono, “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”.
- (Mt 27, 46), Mateo cuenta este hecho escribiendo que Jesús «clamó con fuerte voz».
. Al relatarnos la muerte de Jesús, Mateo dice: «Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu» (Mt 27, 50).
- (Lc 23, 46), Lucas: “Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos pongo mi espíritu y, dicho esto, expiró”.
– Estuvo angustiado y sintió miedo:
- (Jn 12, 27), en el Getsemaní Al anunciar la traición de uno de sus discípulos (Jn 13, 21).
- (Mt 26, 38, muestra tristeza y angustia.
- (Lc 22, 39), llegó a sudar gotas de sangre.
- (Mc 14, 32-36), agonía del Señor.
– Pronunció palabras agresivas:
- (Mt 23, 13-33), palabras dirigidas a los fariseos a los escribas y fariseos que piden una señal (Mt 12, 37-39; 16, 1-4). También en (Mt 17,17; Mc 9, 19).
– Sintió satisfacción:
- (Jn 17, 4), un hondo sentimiento de satisfacción y plenitud encontramos en las palabras que Jesús dice a su Padre, en la oración sacerdotal: “Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar”.
– Expresó ternura:
- (Mc 9, 36), abrazó a los niños.
– Expresó “Amor”:
- (Jn 13, 1), donde el evangelio pone especial énfasis es en mostrar lo extraordinario del amor de Jesús para con los hombres: “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.
- (Jn 13, 33), Jesús tiene para con sus discípulos expresiones de exquisita ternura: «Hijos míos», y (Jn 15, 14-15) llega al grado de llamarlos «amigos», pues les ha revelado lo que ha oído a su Padre.
- (Jn 15, 9). La comparación que Jesús emplea para expresarnos suamor desvanece toda duda: “Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes”. La muerte de Jesús es el signo más elocuente de su inmenso amor por nosotros, (Jn 15, 13).
El P. David Álvarez Cineira expresa que es difícil negar la humanidad de Jesús en puntos obvios: nació, sintió sed (Mt 25,35), hambre (Mt 4,2),cansancio (Jn 4,6) y murió (Jn 19,30-34) y experimentó una amplia gama de emociones.
Walter Kasper reafirma estas palabras:
«El hecho de que Jesús de Nazaret fue un hombre verdadero es para el Nuevo Testamento algo que se presupone con toda naturalidad. Así se habla de que nació de una madre humana, que creció, tuvo hambre, sed, cansancio, alegría, tristeza, amor, ira, fatigas, dolores, se vio abandonado de Dios y, por fin, murió. La realidad de la existencia corporal de Jesús en el nuevo testamento es, pues, un hecho incuestionable y, por eso, no discutido (con excepción de algunos escritos tardíos),presupuesto sin más. …Así pues, con toda seguridad podemos partir de que Jesús nació en tiempo del emperador Augusto (63 a. C.-14 d. C.) (Lc 2, 1); actuó durante el régimen del emperador Tiberio( Lc.14. 37); que Herodes, al que llama zorro (Lc 13, 32), era tetrarca de Galilea (4 a. C. -39 d. C.) ( Lc 3, 1). Y que murió bajo el procurador Poncio Pilato (Mc 15, 1). Además, como acuerdo de toda la investigación exegética, que precisamente en los dos últimos decenios se ha ocupado con mucha intensidad de la cuestión histórica sobre Jesús, se puede constatar que de la oscuridad de la historia se destacan con relativa nitidez los rasgos característicos de actuación y predicación de Jesús. En esto se muestra como una personalidad de incomparable originalidad. El afirmar lo contrario se puede dejar tranquilamente a teólogos aficionados y diletantes»[6].
[1]Olegario González de Cardedal, «La cristología en los últimos veinte años (1973-1993)». Prólogo a la tercera edición de Jesús de Nazaret. Aproximación a la Cristología, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos 1993.
[2] René Trossero, Educar y vivir educadamente. Buenos Aires: Bonum 2007.
[3]A. Maslow, «A Theory of Human Motivation», Psychological Review, 50 (1943)370-396. https://psycnet.apa.org/record/1943-03751-001 Establece cinco necesidades básicas: fisiológicas, de seguridad, de filiación, de reconocimiento y de autorrealización. Esta teoría tuvo su detractores, entre ellos a M. M. Neef, M. Hopnhayn, y P. Ekins.
[4] René Lautourelle et al., Diccionario Teológico Fundamental, (Madrid: Editorial San Pablo, 1992) p. 1131.15.
[5] El padre David Álvarez afirma David Álvarez Cineira, «Las emociones de un Jesús muy humano, http://agustinos. es.org/FVR/forcont/c6/
[6] Walter Kasper, Jesús, el Cristo, Salamanca: Sígueme, 1978), 232.