GUILLERMO DE OCCAN

            1.- Vida

Pocos datos biográficos tenemos de este Maestro Franciscano. Ciertamente ingresó en la Orden muy joven, hacia el año 1307. Estudió Filosofía y Teología en Oxford, donde comenzó a enseñar una vez obtenido el título de Bachiller en 1318. Más tarde, en 1324, llega a ser Maestro «in sacra pagina». Es dudoso que fuera discípulo de Escoto. Lo cierto es que muy pronto su enseñanza despertó fuertes oposiciones a causa de la nueva lógica que aplicaba a la teología y su doctrina sobre la pobreza. Juan Lutterell, canciller de la Universidad de Oxford, informó a la Santa Sede y Guillermo de Occan tuvo que viajar a Aviñón para someterse a un proceso que duró dos años. Fueron censuradas 51 proposiciones y no se le permitió volver a Inglaterra.

Poco más tarde se vio envuelto en las disputas entre el Papa Juan XXII y los Franciscanos sobre el tema de la pobreza de Cristo. Estos defendían que Jesús y los Apóstoles nunca habían tenido nada, ni propiedad común, ni bienes de producción, ni bienes de consumo. Miguel de Cesena, General de la Orden, acudió a Aviñón, llamado por el Papa, para dar cuenta de estas afirmaciones. Corría el año 1327. Aquí se encontró con Guillermo de Occan, que pronto se le unió en esta peculiar lucha, y que convirtió al Maestro de Oxford de teólogo y filósofo en político y estudioso del derecho. El 26 de mayo de 1328 huyeron de Aviñón los dos junto con otro grupo de Franciscanos buscando la protección de Luis de Baviera. Cuando éste dejó Italia y volvió a Alemania, le acompañaron nuestros personajes, fijando su residencia en Munich. Aquí residió Guillermo hasta su muerte. Antes, el 8 de junio de 1349, recibió la absolución del Papa Clemente VI.

            2.- Doctrina

En el presbiterio del convento franciscano de Lorca está pintado nuestro Autor, mirando a la Virgen con un libro en la mano, y encima de él está escrita esta frase: «Guillermo de Occan, príncipe de los Nominalistas». En efecto, Guillermo defiende, con la entera tradición franciscana, en especial con Escoto, la Inmaculada Concepción de María. Sin embargo, critica y se separa del Doctor Sutil en dos puntos fundamentalmente: Las eternas divisiones y subdivisiones de los conceptos, que más oscurecen la realidad que la aclaran. Por esto él acuñará un principio que se hará famoso en la historia del pensamiento occidental: No hay que multiplicar entes sin necesidad. Esto equivale a un principio lógico de economía, es decir, que hay que explicar las cosas con las menos leyes y conceptos posibles. En segundo lugar Occan, siguiendo a otro gran franciscano, Pedro Juan Olivi, critica el realismo de los conceptos y redujo al mínimo el fundamento objetivo de los conceptos universales. Crea una mentalidad empírica, que le lleva a negar la metafísica. Sólo existe lo singular y concreto, el hecho que comprobamos y experimentamos. O sea, es real sólo lo que existe, y existe aquello que es individualmente distinto, y es individualmente distinto, lo que es físicamente separable. Esto es lo que se llamó en la Edad Media nominalismo. Y estas afirmaciones las comprobamos en la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa. Guillermo de Baskerville, nuestro Occan, trata mediante la experiencia y las pruebas físicas y concretas resolver los crímenes del Monasterio de Melk.

Como San Buenaventura y Escoto, Occan defiende el primado de la voluntad en el hombre, la cual esencialmente es libre. Para nuestro autor, voluntad y libertad son la misma cosa, y la entiende como la autodeterminación que goza la voluntad para actuar por sí misma, independientemente del concurso de cualquier otra causa, incluido Dios. Esta voluntad no tiende con necesidad al bien, pues es libre, lo que conlleva la posibilidad de elegir también el mal, como se ve en la experiencia.

Sin embargo, por la revelación, sabemos donde se sitúa el centro y el fin de la existencia humana. Es en Dios. Y concebido como Amor. De esta forma la persona alcanza su perfección cuando ama, y cuando ama a Dios con «amor de amistad», que es el amor sumo.

Especial significado tiene la doctrina política de Occan. Defiende la independencia del Estado de la Iglesia, negando el absolutismo papal. La autoridad del Emperador proviene de los electores, los cuales representan al pueblo, en el cual reside, en definitiva, la autoridad concedida por Dios. El Papa, pues, no tiene la plenitud del poder, temporal y espiritual, como había declarado Bonifacio VIII, situándose de esta forma por encima del poder político.

También, siguiendo la Escuela de Oxford, sobre todo al franciscano R. Bacon, defiende la independencia del conocimiento matemático, experimental o intuitivo. Reivindicó la autonomía de las ciencias experimentales, las cuales no deben ser ni condenadas ni prohibidas por nadie. En estos temas cada uno es libre de hacer y pensar lo que quiera. No obstante, sobre la espiritualidad de Francisco de Asís y del Franciscanismo, Occan es extremadamente exigente. Excluye cualquier interpretación de la filosofía o teología, que pueda dañar el ideal de pobreza, austeridad y libertad franciscanas, afincadas en el núcleo del mensaje y vida de Jesucristo.

Cantidad de seguidores ha tenido Guillermo de Occan a lo largo de los siglos. Se creó una Escuela con su pensamiento, que, en Europa, la preferían a la de Santo Tomás, significada en un tiempo por la expresión «via antiqua». Sin embargo la de Occan la llamaban «via moderna». Y, ciertamente, en muchos puntos de sus doctrinas políticas, científicas y teológicas propiciaron el advenimiento de la Modernidad.

 

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