XVI DOMINGO (C)

Del Evangelio según San Lucas 10,38-42.
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

1.- Si en Israel se valora, además del buen trabajo (cf Eclo 38,25-34), el estudio de la Torá, que debe prevalecer sobre toda dedicación manual (cf Eclo 39,1-11), la actitud de la escucha y amor a Dios por Él mismo sobrepasa y complementa al estudio, y en Jesús al amor de Dios se une el amor del prójimo con igual intensidad y entrega (cf Lc 10,29-37). De esta forma, se cumplen los dos mandamientos básicos: amor a Dios y amor al prójimo (cf Lc 10,25-28). Dios siempre responde a quien le sirve con el don del «pan de cada» (Lc 11,3). Por eso, manda a los discípulos a la misión sin la preocupación de llevar cosa alguna para el sustento. La vida sin seguridad y protección, que reproduce lo que él experimenta de sí mismo, simboliza que el único soporte vital es el Dios del Reino. Más tarde, la comunidad cristiana establecerá la renuncia a todo lo que se posee: —«… quien no se desprenda de todos sus bienes no puede ser discípulo mío» (Lc 14,33)—, y dar todo el dinero a los pobres: «Vended vuestros bienes y dad limosna. Procuraos bolsas que no envejezcan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla» (Lc 12,33).

2.- La Iglesia no debe olvidar el gran mensaje del Evangelio de este domingo: trabajar no por el afán de lucro, sino por el servicio a la comunidad social, institucional y familiar, y defender la integración de la mujer en su misión. La cultura occidental, desde el mensaje bíblico de la igualdad en dignidad del hombre y la mujer, poco a poco va igualando al hombre y a la mujer en todo tipo de trabajos, salvando el sentido masculino y femenino de la vida. La Iglesia no debe posponer o mirar hacia otro lado cuando se trate de integrar en sus estructuras el sentido femenino de la vida, como ha hecho la sociedad en todas las instituciones que la sostienen.

3.- El episodio de Marta y María no dice que la vida de María, contemplativa, es mejor que la vida activa, Marta. En la vida humana y cristiana no hay una separación entre contemplación y acción. Solo existe una historia para todos, en la que debemos integrar en nuestra persona la experiencia de Dios; es decir, la mística de la fe y la misión en la comunidad y en la sociedad. No están separadas la vida humana y la vida sobrenatural; ambas están integradas en nuestra vida e historia personal. Como dice Jesús, estamos en el mundo sin ser del mundo (cf Jn 17,19); es decir, vivimos inmersos en una historia, común para todos los hombres, para transformarla desde nuestro seguimiento de Jesús, que es el hombre nuevo, la vida nueva (cf Ef 22,24). No hay que huir del mundo, sino vivir en él para cambiarlo.

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