XVI DOMINGO (C)

Del Evangelio según San Lucas 10,38-42.
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

1.- Cuando visita Jesús a Marta y María en su recorrido por Palestina, Lucas elabora un relato muy significativo. María, como los discípulos, escucha al maestro y recibe sus enseñanzas. Marta anda inquieta, agitada, dispersa por los deberes que toda ama de casa tiene cuando recibe huéspedes. Aunque se preocupa de servir, como hace la suegra de Pedro cuando es curada por Jesús (cf Mc 1,31) , parece que Marta desperdicia el momento presente de la revelación divina que se le está dando con la presencia de Jesús. Por eso, ante la protesta de Marta, Jesús le responde que solo una cosa es necesaria, la que ha descubierto María y no quiere que se la quiten. Suena de nuevo la bienaventuranza para aquellos que escuchan la Palabra y la ponen en práctica (cf Lc 11,28), de forma que la advertencia a Marta, inquieta y agitada, es la misma que ha dado a los discípulos: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vestiréis. ¡Acaso no es más importante la vida que la comida, y el cuerpo que el vestido!» (cf Mt 6,25).

2.- Jesús, después de una larga vida laboral, cuando se ocupa solamente del anuncio del Reino, acentúa el don sobre el beneficio, y descubre de nuevo al Creador que trabaja y descansa, al margen del afán de la producción y la codicia del beneficio. Jesús prefiere, en este momento, la actitud del que escucha y es capaz de atender el presente de la cercanía del Reino, porque todo lo demás se dará por añadidura (cf Lc 12,31), a las preocupaciones que conlleva el trabajo. No es cuestión de evadir las responsabilidades sociales que deben realizar los hombres; es saber dar prioridad (lo «único necesario» es la «mejor parte», la «parte buena») a aquel trabajo que, aparentemente, no tiene una producción inmediata o una rentabilidad evidente. La actividad responde a la voluntad de Dios, lo que dimana directamente de Él, porque todo lo que ofrece es, por sí mismo, bueno; es dar sentido a la vida y al esfuerzo que lleva consigo. Nadie, por tanto, le quitará a María este don que transmite la palabra de Jesús al final de la historia.

3.- Jesús valora «la escucha de la Palabra» de María, y esto es muy importante cuando, en aquel tiempo, oír a un maestro era una ocupación exclusivamente de los hombres. Es la razón de la protesta de Marta: María no ejerce el oficio de las mujeres: preparar, hacer y servir la comida. El tiempo dedicado a enseñar y aprender es una tarea de varones. Por el contrario, Jesús defiende que la mujer también debe aprender y, por consiguiente, educar en la dimensión religiosa e intelectual. Europa, la cuna de la cristiandad, admite a las mujeres en las universidades a finales del siglo XIX, aunque en nuestra historia haya habido ejemplos extraordinarios de pensadoras y escritoras. Otra vez la cultura y las costumbres sociales han retrasado la aplicación social de la enseñanza de Jesús.

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