XXVII DOMINGO (C)
Del Evangelio según San Lucas 17,5-10.
En aquel tiempo, los Apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
1.- Los discípulos de Jesús se sienten incapaces para llevar a cabo la misión que Jesús les encomienda. De hecho, poco antes, Lucas afirma que no han podido expulsar un demonio (cf Lc 9,40). De aquí viene la petición a Jesús para que les aumente la fe. A continuación Jesús propone la parábola que explica la situación de sus discípulos. En ella los compara con los esclavos que cumplen con su función de servir al señor. Hay que servir a Dios y servir a los hermanos, y hay que hacerlo como siervos de Dios, sin esperar recompensa alguna.
2.- La fidelidad del discípulos al Señor en la evangelización va más allá de lo que es un trabajo retribuido: el «señor» no tiene por qué recompensar. La parábola va contra la auto justificación farisaica, o la convicción de que Dios debe corresponder o pagar los méritos acumulados en la existencia de los «justos». No vale la relación contractual entre Dios y el creyente sobre la salvación, y menos la vanagloria de haber cumplido con las obligaciones pertinentes a las responsabilidades de cada cual. Al creyente le basta con cumplir su deber; la recompensa es pura «gracia».
3.- La fe traslada el peso de nuestra vida y misión a Dios, del que va a depender todo lo que hagamos para bien de los demás. Pablo, además de asegurar que el deseo de hacer el bien y realizarlo depende de Dios: todo es gracia: «… ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned vuestros miembros al servicio de Dios, como instrumentos de la justicia. Porque el pecado no ejercerá su dominio sobre vosotros: pues no estáis bajo ley, sino bajo gracia» (Rom 6,13-14).