DE LA POLÍTICA

 

Miguel García Baró

En los temas políticos hay siempre, como primer paso, que retrotraerse a los supuestos pre-políticos. No es para mí el momento de decir nada sobre el futuro de Cataluña -he dado pruebas desde siempre de amor a lo catalán, por otra parte-. De lo que se trata es, sobre todo, de subrayar dos factores de cuanto está sucediendo.

El primero es que asombra y desconsuela en qué opinión está la ley en amplios sectores de toda España. ¿Acaso se piensa en serio que la ley es un capricho de los poderosos -no solo de los que la promulgaron en su momento, sino de los que la representan en cada instante- y que la actitud realmente democrática no es enmendarla conforme a ley sino simplemente vulnerarla cada vez que no se está de acuerdo con ella? Porque es en este punto en el que habría que concentrar primero el debate, si es que se tratara de un debate democrático.

El segundo es que aún asombra y desconsuela más en qué opinión está la política, la dedicación a la política, entre amplios sectores del mundo entero. Una anécdota inolvidable: un amigo suramericano que iba a alquilar un cuarto en casa de una familia alemana mientras terminaba su tesis, preguntó a la señora, en las presentaciones, por el trabajo del marido ausente; y cuando le respondieron que era político local, él, llevado por su experiencia acumulada, no pudo evitar sonrojarse violentamente, por eso que llamamos vergüenza ajena. Por supuesto, el concejal en cuestión era una persona perfectamente digna…

Puestos a reclamar la Luna, reclamo ya mismo y para inmediatamente una encíclica del Papa en que alabe la responsabilidad extraordinaria requerida para entrar en política y se recomiende a las buenas personas que lo hagan, porque es su deber. Y a partir de ahora, no consintamos una sola mentira más, un solo insulto más en este ámbito en que solo parece haber mentiras, insultos y gentes que tienden a inspirar a otras gentes vergüenza ajena.

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