II

 

  1. PAZ Y BIEN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Por Antonio G. Lamadrid

A) PAZ Y BIEN» EN PARALELISMO EXPRESO

  1. a) He aquí algunos pasajes en que paz y bien aparecen en paralelismo expreso: «Vamos a hacer un pacto contigo de que no nos harás mal, como tampoco nosotros nos hemos mostrado hostiles contigo. No te hemos hecho sino bien y te hemos dejado ir en paz» (Gén 26,29). «No buscarás jamás mientras vivas su paz ni su bien» (Dt 23,7). «No busquéis nunca su paz ni su bien» (Esd 9,12). «Amado por la multitud de sus hermanos, preocupado por el bien de su pueblo y procurador de la paz de su raza» (Est 10,3). «Mi alma está alejada de la paz, ya no gozo de bien alguno» (Lam 3,17). «Esperábamos paz y no hubo bien alguno» (Jer 8,15). «Esperábamos paz y no hubo bien alguno, el tiempo de la cura y se presenta el miedo» (Jer 14,19).

En todos estos textos la expresión «paz-bien» se refiere fundamentalmente a la prosperidad, abundancia, plenitud, seguridad y armonía de la vida material en sus múltiples manifestaciones y aspectos.Es particularmente importante el texto citado del Génesis 26,29, donde paz y bien se emplean como términos técnicos para expresar el contenido sustancial de la alianza entre Abraham y Abimelec.

  1. b) «Apártate del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella» (Sal 34,15). Aquí la práctica del bien y la búsqueda de la paz se sitúan en el terreno moral y ético. Son la condición que ha de cumplir el hombre que apetece la vida y quiere gozar del bien (v. 13).
  2. c) El ámbito del término «tôb» (= el bien), como categoría ética y expresión del comportamiento moral del hombre es sumamente amplio en el A. T. «Buscad el bien, no el mal, para que viváis… Aborreced el mal, amad el bien» (Am 5,14-15). «Se te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno, lo que Yavé de ti reclama…» (Miq 6,8). «Harás lo que es justo y bueno a los ojos de Yavé, para que te vaya bien y llegues a tomar posesión de la tierra buena, de la que Yavé juró…» (Dt 6,18 = 12,28). «… pero ese pueblo hace lo que parece malo desoyendo mi voz, y entonces yo también desisto del bien que había decidido hacerle…» (Jer 18,10-11).

En todos estos textos, la práctica del bien como categoría moral es la condición que ha de cumplir el hombre para conseguir el bien como categoría salvífica, sea de orden terreno, sea de orden espiritual.

  1. d) Dentro de esta misma categoría moral y con una dialéctica similar encontramos también con frecuencia el verbo «yatab» (= hacer el bien): «Aprended a hacer el bien, buscad lo justo…» (Is 1,17). «¿Podréis vosotros obrar el bien, tan avezados como estáis al mal?» (Jer 13,23). «Escucha, pues, Israel: cuida de practicar lo que te procurará el bien y por lo que te multiplicarás…» (Dt 6,2). Podríamos citar otros muchos textos del Deuteronomio y de Jeremías.

La práctica del bien por parte del pueblo es la condición exigida por el Deuteronomio y los Profetas para que Yavé, que es bueno, derrame su bien sobre el pueblo.

  1. e) En los siguientes pasajes la paz y el bien se cargan de contenido mesiánico-soteriológico como expresión de la futura salvación: «Pues así dice Yavé: Al filo de cumplírsele a Babilonia setenta años, yo os visitaré y confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa (= dabar tôb) de volveros a este lugar; que bien me sé los pensamientos que pienso sobre vosotros -oráculo de Yavé-, pensamientos de paz y no de hostilidad, de daros un porvenir de esperanza» (Jer 29,10-11). «Jerusalén será para mí un nombre evocador de alegría, será prez y ornato entre todas las naciones de la tierra que oyeron todo el bien que voy a hacerle y se asustarán y estremecerán de todo el bien y toda la paz que voy a concederle» (Jer 33,9). «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que evangeliza el bien, que proclama la salvación!» (Is 52,7).

«Por amor de mis hermanos y de mis amigos, deja que diga: ¡La paz contigo! Por amor de la Casa de Yavé nuestro Dios, yo ruego por tu bien» (Sal 122,8-9).

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