III

B) «PAZ Y BIEN»

 

  1. Antonio G. Lamadrid

A lo largo del A. T. encontramos situaciones, contextos y expresiones similares, en los cuales unas veces se emplea «shalôm» (= paz) y otras, «tôb» (= el bien). Quiere esto decir que para los autores sagrados «paz» y «bien» son términos sinónimos y los pueden emplear indistintamente. He aquí algunos ejemplos.

  1. a) Profetizar la paz – profetizar el bien

Mientras que para Miqueas de Moréset, Jeremías y Ezequiel, la palabra clave, la piedra de toque, que distingue a los verdaderos de los falsos profetas, es «paz», para Miqueas ben Yemla, en cambio, es «bien».
Profetas de «paz» y «desventura»: «Han curado el quebranto de mi pueblo a la ligera, diciendo: ¡Paz, paz!, cuando no había paz» (Jer 6,14). «Si un profeta profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, se reconocerá que le había enviado Yavé de verdad» (Jer 28,9). Todo el cap. 28 de Jeremías se refiere al dramático encuentro entre él y Ananías que discuten si se debe profetizar paz o desventura. «Así dice Yavé contra los profetas que extravían a mi pueblo, los que, mientras mascan con sus dientes, gritan: ¡Paz!» (Miq 3,5). «Porque extravían a mi pueblo diciendo: ¡Paz!, cuando no hay paz… Ya no existe el muro ni los que lo revocaban, los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y veían para ella visiones de paz» (Ez 13,10.16).
Profetas de «bien» y «desventura»: «Queda todavía un hombre por quien podríamos consultar a Yavé, pero yo le aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal. Es Miqueas, hijo de Yemla… Mira que los profetas a una voz predicen el bien al rey. Procura hablar como uno de ellos y anuncia el bien… ¿No te dije que nunca me anuncia el bien sino el mal?» (1 Re 22,8.13.18 = 2 Crón 17,7.12.17).

  1. b) «Paz» y «bien», ambos se contraponen a «mal o desventura»

Según acabamos de ver, el paralelismo entre paz y bien se acentúa aún más por el hecho de que ambos términos se contraponen a «ra’ah» (= mal o desventura). Podemos citar otros varios ejemplos.
Paz-mal: «… pensamientos de paz y no de mal…» (Jer 29,11). «… porque este hombre no procura en absoluto la paz del pueblo, sino su mal» (Jer 38,4). «Yo hago la paz y creo la desventura» (Is 45,7).
Bien-mal: «Mira, yo pongo hoy ante ti vida y bien, muerte y mal» (Dt 30,15). «Más justo eres tú que yo, pues tú me haces bien y yo te devuelvo mal» (1 Sam 24,18). «¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!» (Is 5,20). «¿Es que se paga mal por bien?» (Jer 18,20).

  1. c) Paz mesiánica – bienes mesiánicos

Uno de los elementos más frecuentes de la escatología veterotestamentaria es la esperanza en una edad de felicidad final, que está expresada generalmente con la palabra «paz», pero también encontramos el término «bien».
Paz mesiánica. Baste recordar la bella descripción de Isaías (Is 11,1-9) sobre la restauración de la felicidad paradisíaca, presidida por el Príncipe de la paz (Is 9,5; cf. Miq 5,4; Zac 9,10).
Ezequiel concluye su oráculo sobre el futuro Pastor mesiánico con estas palabras: «Concluiré con ellos una alianza de paz, haré desaparecer de esta tierra las bestias feroces. Habitarán en seguridad en el desierto y dormirán en los bosques… El árbol del campo dará su fruto y la tierra dará sus productos» (Ez 34,25-27).
Aun sin usar la palabra, la idea de paz está presente en otros muchos oráculos; v. gr.: Am 9,13; Os 2,20; 14,6-8; Jl 2,21-26; Is 62,25; etc.
Bienes mesiánicos: «Después volverán los hijos de Israel; buscarán a Yavé su Dios y a David su rey, y acudirán con temor a Yavé y a sus bienes en los días venideros» (Os 2,5). «Vendrán y darán hurras en la cima de Sión y acudirán a los bienes de Yavé: al grano, al mosto…; empaparé el alma de los sacerdotes de grasa, y mi pueblo de mis bienes se hartará» (Jer 31,12-14). «El mismo Yavé dará el bien, y nuestra tierra dará su cosecha» (Sal 85,13).
Paz y bienes mesiánicos en un mismo texto. Finalmente merecen atención especial Jer 33,2-14 y Zac 8,9-15, que describen la restauración postexílica y la restauración mesiánica indistintamente con los términos «paz» y «bien».

 

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