IV Domingo de Cuaresma

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
SEÑOR, QUE RECONCILIAS CONTIGO A LOS HOMBRES POR TU PALABRA HECHA CARNE, HAZ QUE EL PUEBLO CRISTIANO SE APRESURE, CON FE VIVA Y ENTREGA GENEROSA, A CELEBRAR LAS PRÓXIMAS FIESTAS PASCUALES. POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR.

Nos dirigimos a Dios Padre y le llamamos Señor; Él cuida de nosotros. Nuestra petición sólo tendrá fuerza si la hacemos en nombre de Jesús. Por eso, le recordamos a Dios Padre, que ha sido su Palabra, su Hijo, hecho hombre por nosotros, quien nos ha reconciliado con Él.
Fue el Padre quien nos lo envió a nosotros pecadores, a fin de aprender de su Hijo cómo vivir la fe, de tal manera que nunca se apague en nosotros. Están cerca las fiestas pascuales. Hay que darle vida a nuestra fe; ella es la que posibilita en nosotros esa entrega generosa que tanto Dios como el prójimo esperan.
Y esto no lo pedimos tan sólo para nosotros, unidos a la oración de la Iglesia por la asistencia a la celebración de la Eucaristía, sino que lo pedimos para todo el pueblo cristiano. Y le pedimos que no seamos lentos y apocados, sino que vayamos con ánimo generoso, que nos apresuremos, que tengamos verdaderos deseos de celebrar las fiestas de Pascua, la fiesta de la Resurrección de Cristo Jesús, para que reconciliados con Dios, produzca en nosotros sus mejores frutos.

A ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste,
a costa de tu sangre y de tu vida
la mísera de Adán primer caída
y adonde él nos perdió, Tú nos cobraste.
(Miguel de Cervantes)

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, AL OFRECERTE ALEGRES LOS DONES DE LA ETERNA SALVACIÓN, TE ROGAMOS NOS AYUDES A CELEBRARLOS CON FE VERDADERA Y A SABER OFRECÉRTELOS DE MODO ADECUADO POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO. POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR.

Fijémonos bien: cuando acudimos el domingo a celebrar la Eucaristía, como hijos de Dios y miembros de la Iglesia, debe ser para nosotros un motivo de alegría porque somos invitados personalmente por el Señor para participar y recibir los beneficios de la redención. Dios me abraza porque soy uno de los comensales de su mesa.
Pero estos dones no son de uso personal exclusivo; ellos nos traen la salvación, que debemos compartir con los presentes y con los ausentes y ofrecerlos por la salvación del mundo. Nunca deberíamos olvidar, siempre que acudimos a oír la Santa Misa, esta finalidad de la misma: Jesús murió y resucitó por la salvación del mundo.
Este es el gran misterio que celebramos. Es fácil que olvidemos esta verdad durante la celebración. Por eso le pedimos a Dios, ya que ha sido Él quien nos ha invitado, que los celebremos con fe verdadera, con atención profunda y actitud gozosa, dándole gracias porque una vez más se ha dignado invitarnos a su Mesa santa. Amén.

«Tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Hijo único.
Todos los que creen en él
tienen vida eterna»
(Jn 3,16).

Oración después de la comunión
OH, DIOS, LUZ QUE ALUMBRAS A TODO HOMBRE QUE VIENE A ESTE MUNDO, ILUMINA NUESTROS CORAZONES CON LA CLARIDAD DE TU GRACIA, PARA QUE SEAMOS CAPACES DE PENSAR SIEMPRE Y DE AMAR CON SINCERIDAD, LO QUE ES DIGNO Y GRATO A TU GRANDEZA. POR JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR.

Vamos subiendo a Jerusalén que es el final de nuestro itinerario cuaresmal. Pronto, muy pronto, celebraremos la Pascua del Señor, su muerte y resurrección, de la cual hoy ya hemos participado en la celebración de la Eucaristía. Jesús es la luz que nos alumbra y el alimento que nos fortalece. Y sabiendo esto, le pedimos después de recibirle en la comunión, que nos haga capaces de pensar como él nos enseña —buen resultado cuaresmal— y amar con sinceridad, —pues no siempre es sincero nuestro amor—, cumpliendo en favor de nuestros hermanos lo que es digno y grato a la grandeza de Dios.

El padre recuperó a su hijo, y dijo:
«Celebremos un banquete».
«¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!»
(Lc 15,23; Sal 102,1)

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