V DOMINGO  DE  CUARESMA

P. Ruiz Verdú OFM

                                                                              Oración colecta
Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.

 A Dios no hay que acercarse con exigencias. Todo nos lo da gratuitamente. En la oración-colecta  de este domingo la humildad debe acompañar a nuestra petición. Mucho es lo que pedimos: vivir del mismo amor que movió a Jesús a entregarse a la muerte por nuestra salvación. El amor de Cristo Jesús no lo podemos medir. Y nosotros le pedimos a Dios Padre que nuestra vida sea manifestación plena de ese amor. ¿No parece un tanto exagerada nuestra petición? Por eso, en lugar de exigir, hemos dirigido a nuestro Dios un ruego: Te rogamos. Pero esta semejanza de nuestro amor con el de su Hijo sólo se realizará en parte en nosotros si Él nos ayuda, si su gracia y misericordia nos acompañan. Y Dios siempre nos escucha.
Cristo Jesús murió por la salvación del mundo. Si el amor de Jesús nos guía, indudablemente nuestra vida debe tener como finalidad la salvación de aquéllos que, habiendo sido redimidos por Cristo, aún no conocen o no aman o no quieren seguir a Aquel que les ama hasta entregar la vida por ellos.

                                                               Oración sobre las ofrendas
Escúchanos, Dios todopoderoso, y,  por la acción de este sacrificio, purifica a tus siervos, a quienes has iluminado con las enseñanzas de la fe cristiana. Por Jesucristo nuestro Señor.

No merecemos que Dios atienda nuestras peticiones ni podemos presentar ante Él exigencias para que nos escuche. Pero si nos ve envueltos del verdadero amor, de humildad y de misericordia, son ya motivos suficientes para que atienda bondadosamente nuestros ruegos. Acudimos a su poder, que no es semejante al poder que ejercemos los humanos. Su infinito poder es siempre misericordioso.
Y en nuestro ruego de escucha le recordamos -¡como si a Él se le olvidase!- que fue Él mismo quien nos inició en la fe cristiana, actuando como intermediarios nuestros padres, catequistas, sacerdotes…
Finalmente, es la tercera petición, que nos purifique de todo aquello que a Él no le agrada, por la gracia del sacrificio de la Eucaristía que estamos celebrando. Es la pasión de Cristo y su resurrección la que en este momento concreto se actualiza, recibiendo nosotros por ella gratuitamente la bendición abundante de Dios.

Pidámosle permanecer en la fe, don del Dios-Amor, dándole continuas gracias por él.
Oh Dios, misericordia por tu bondad;
renuévame por dentro con espíritu firme.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Dios todopoderoso, que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Celebrada la Eucaristía, en cuyo misterio hemos sido sumergidos como miembros que somos de Cristo, en el tiempo de silencio después de haber comulgado, pidámosle a Dios todopoderoso – a cuya omnipotencia nos acogemos –  antes de la oración que le dirigirá el presidente de la celebración en nombre de toda la asamblea litúrgica, que nos conceda afianzar más y más en nosotros nuestra unión con Cristo Jesús, sin olvidar que para su crecimiento necesitamos practicar las exigencias propias de quienes estamos unidos a Cristo Jesús por el bautismo.

“Todo lo estimo pérdida,
comparado con la excelencia
del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”
(San Pablo a los filipenses)

 

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