DOMINGO DE RAMOS

 

 P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se encarnase y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad; concédenos propicio, aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección gloriosa. Por Jesucristo nuestro Señor
.

El estribillo más frecuente que repite la Iglesia al iniciar su oración es: “Dios todopoderoso y eterno”. Dos atributos de Dios que nos hablan de su poder y de su eternidad. Dios es fiel en sus decisiones, porque es todopoderoso y es eterno. Esto hace que el cristiano pueda descansar de sus fatigas en Dios, que nunca falla.
En la primera parte de la oración que comentamos, se afirma cuál fue la voluntad de Dios Padre al enviarnos a su Hijo, a quien hizo Salvador de la humanidad entera. Nos salvó padeciendo el suplicio de la cruz. Es el gran ejemplo, el extraordinario signo que Dios nos ha dado de una vida sumisa a su voluntad, de profunda humildad, de obediencia fiel por amor.
La segunda parte la constituye la petición: concédenos según tu bondad. Dos cosas pedimos: que en la pasión de Jesús aprendamos todo lo que en ella Tú nos enseñas y así participar ya ahora de la resurrección gloriosa: que vivamos con alegría y humildad el amor de Dios, puesto al descubierto en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús.

Oración sobre las ofrendas
Señor, que por la pasión de tu Unigénito se extienda sobre nosotros tu misericordia y, aunque no la merecen nuestras obras, que con la ayuda de tu compasión podamos recibirla en este sacrificio único. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comenzamos la Semana llamada Santa, la semana en la que, de una manera especial, contemplamos el amor de Dios. Es el extraordinario signo de la misericordia de Dios para con nosotros, que se nos regala, aunque nuestras obras no la merecen. Signo que permanece y que celebramos. Signo del cual todos participamos si lo aceptamos. No todos aceptan la pasión de Jesús, aunque el deseo de Jesús es que a todos llegue. Por eso, le pedimos a Dios que por la pasión de su Unigénito se extienda su misericordia sobre todos, de modo especial sobre los que están presentes en la celebración de la Eucaristía, quienes deben acogerla y comunicarla a los que, por circunstancias, no participan del sacrificio único.

La compasión del Señor para con nuestra pobreza espiritual
haga de nosotros signos vivientes de su amor y misericordia.

Oración después de la comunión
Fortalecidos con tan santos misterios,  te dirigimos esta súplica, Señor: del mismo modo que la muerte de tu Hijo nos ha hecho esperar lo que nuestra fe nos promete, que su resurrección nos alcance la plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

¡Hemos comulgado! A quien hemos recibido es Cristo Jesús Es lo que confesamos en el silencio de acción de gracias. Y unidos a él le pedimos a Dios Padre que vivamos la esperanza de alcanzar un día lo que la fe nos afirma: los beneficios de salvación que la muerte de Jesús nos ha aportado; y, por su resurrección, llegar a poseer plenamente esos bienes que deben ser anhelados sin descanso.

Cristo por nosotros
se sometió incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo,
y le concedió el “Nombre-sobre todo-nombre”.
Fieles del Señor, alabadlo.

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