Antropología de la vocación cristiana.

De persona a persona.

Juan Manuel Cabiedas Tejero

 

El texto se divide en cinco capítulos. El primero versa sobre la persona, recuperando la gran tradición teológica generada por las controversias trinitarias y cristológicas de los primeros siglos del cristianismo. Las propuestas actuales son insuficientes, tanto las provenientes del derecho positivo, inhábil para identificar su valor ética; como del pensamiento científico, incapaz de adentrarse en su percepción de ser libre o de su identidad como ser espiritual, dispersándose en las diferentes factores que con los que se analiza la realidad: medicina, psicología, sociología, etnología, etc; o de las propuestas provenientes de una ética utilitarista, diferenciando  entre la vida humana biológica y la vida personal. Se trata, pues, de darle a la persona una dimensión ontológica que transcienda todos estos aspectos reseñados y sea su fundamento permanente (26). Para ello se parte de la autorrevelación de Dios como Creador y Redentor, que se relaciona como persona viva con el otro, hecho a su imagen y semejanza, pero esencialmente distinto a Él; la relación filial de Jesús situado en la historia, y de la persona en sus dimensiones biológica, psíquica y espiritual, individual y social.

Con esta base, la manifestación de Dios en nuestra tradición judeocristiana se hace con categorías personales: palabra, experiencia, testimonio, etc. Es una vocación , una comunicación de Dios que el hombre es capaz de entender y responder; es una relación de confianza, fidelidad y obediencia como relación de amor. Es, en fin, una llamada. Dios se presenta como comunión de personas que da lugar a un encuentro personal en la historia. Dios es capaz de abrirse y el hombre también; ambos son capaces de relacionarse, pero dependiente el hombre de Dios, no tanto como dice Tomás sujeto al «principio» (cf 53), sino mucho mejor según Escoto: hecho a imagen «del Amor y la Libertad».

Los siguientes capítulos recorren lo que es el objetivo del texto: la experiencia de la vocación. De la mano de los pensadores contemporáneos, se describe la apertura humana que da lugar a una ontología de la alteridad. Cuando la persona se adentra en sí misma y cuya intuición inmediata es la verificación del otro y el darse a él como suprema realización del yo, es entonces cuando va más allá de la egolatría que se apropia de cuanto descubre en su rededor y domina de todo aquello que se pone a su alcance. La alteridad es la condición de ser de la persona y la revelación que anuncia la imagen divina en ella actúa como una llamada a plenificar su ser contingente y finito. Es aquí donde el Autor podría haber aprovechado los serios estudios escotistas sobre la presencia y acción divina tanto en el origen amoroso de la criatura— Dios sale de sí amando—, como de la libertad que arropa dicho acto de amor. Son realidades en Dios inseparables. E inseparables se dan en el primado de Cristo en el orden de la creación y de la salvación, encarnado no tanto por el pecado humano —que también—, como por el «ordo amoris» con el que Dios ha diseñado la creación y su presencia y relación con ella. El don de sí, que hace de Jesús vaciarse de su gloria divina, y entregarse hasta la cruz por nosotros, nos identifica como dones del Señor para los demás, que se convierten en hermanos en Jesús. «El ser personal se debe a una lógica de la donación que rige la continuidad radical entre la vivencia de sí y la orientación hacia el otro» (240).

La seria reflexión sobre la vocación que no ofrece Cabiedas, enraizada en la revelación cristiana y en los pensadores actuales nos debería alejarnos de entendernos como trabajadores productivos que estamos siempre ocupados, y donarnos como el Señor lo ha hecho en Cristo Jesús. Un obra muy bien pensada y escrita.

      Ediciones Sígueme, Salamanca 2019, 269 pp., 13,5 x 21 cm.

 

 

 

 

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