V Domingo de Pascua

P. Ruiz Verdú

Oración colecta
DIOS TODOPODEROSO Y ETERNO, LLEVA A SU PLENO CUMPLIMIENTO EN NOSOTROS EL MISTERIO PASCUAL, PARA QUE , QUIENES, POR TU BONDAD, HAN SIDO RENOVADOS EN EL SANTO BAUTISMO, DEN FRUTOS ABUNDANTES CON TU AYUDA Y PROTECCIÓN Y LLEGUEN A LOS GOZOS DE LA VIDA ETERNA.

Primer punto de referencia: la dignación de Dios que gratuitamente nos ha redimido. A este acto de Dios, la primera respuesta nuestra es la palabra ¡gracias! salida de un corazón agradecido y que reconoce que todo beneficio viene de Dios. ¿Qué mayor don que haber sido redimidos?
Pero Dios no se conformó con redimirnos, con liberarnos del pecado. A la palabra «yo te perdono», añadió: «te regalo mi amistad» y «te doy todo aquello por lo que eres hijo mío».
El hijo pródigo volvió a la casa de su padre; pero el padre no se conformó con perdonarle, sino que le restituyó todo lo que antes era: seguir siendo hijo. Y este querer de Dios es su eterno querer. Dios siempre nos mira con amor de padre. Convencernos que Dios es nuestro Padre es tan necesario para nosotros, que sólo ello nos anima a amarle y serle fieles.
Y ahora nos atrevemos a decirle: «haz que cuantos hemos participado del Misterio pascual de tu Hijo…». La oración, si quiere ser fiel a sí misma, debe fundamentarse en la fe. Sin fe no podemos acercarnos a Dios.
Por Jesús hemos obtenido la libertad verdadera. Pero esta libertad, que viene del Espíritu, puede ser entorpecida por el mal uso de ella. Son muchas los impedimentos que se interponen en el ejercicio de nuestra libertad: las cosas nos atraen y nos esclavizan, el falso amor también …, por eso pedimos a Dios Padre que demos frutos abundantes con su ayuda y protección. Y llegar así a la vida eterna, donde con los ángeles y los santos cantaremos el ¡Aleluya!

Yo no quiero perderte hoy, por hoy,
que tu sabia lección he aprendido…
Solo quiero decirte, que te quiero.

Oración sobre las ofrendas
OH DIOS, QUE POR EL ADMIRABLE INTERCAMBIO DE ESTE SACRIFICIO, NOS HACES PARTÍCIPES DE TU ÚNICA Y SUPREMA DIVINIDAD, CONCÉDENOS ALCANZAR, POR UNA VIDA SANTA, LA REALIDAD QUE HEMOS CONOCIDO POR LA FE. POR JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR.

Por la fe, regalo de Dios, llegamos al conocimiento de las maravillas de Dios. Y una de ellas es este admirable intercambio de dones entre el mismo Dios y el hombre. Dios nos da para que a su vez le devolvamos lo que a su vez hemos recibido. Nos da la Eucaristía, su Hijo; con este don nos enriquece y con esta riqueza suprema de su divinidad, ya santificados por ella, podamos alcanzar las realidades que hemos conocido por la fe. ¡Todo es regalo de Dios!

«Alabad al Señor, porque Él es el único digno
de recibir la alabanza y el honor».
(Salmo 145,3)

Oración después de la comunión
ASISTE, SEÑOR, A TU PUEBLO Y HAZ QUE PASEMOS DEL ANTIGUO PECADO A LA VIDA NUEVA LOS QUE HEMOS SIDO ALIMENTADOS CON LOS SACRAMENTOS DEL CIELO. POR JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR.

Somos el pueblo de Dios y en comunión con los que hemos estado celebrando la Eucaristía nos presentamos ante el Señor. Y así, sin divisiones ni separaciones, una vez que hemos recibido a Cristo Jesús, con la seguridad que nos da su presencia, le pedimos que nos asista, que nos ayude y nos favorezca. Es una oración que la debemos hacer pensando en los que, como nosotros, han recibido en el día de hoy la comunión. Estando Jesús en nosotros no valen las exclusiones. Porque entonces ponemos a Jesús en un dilema: ¿con quién se queda Jesús, contigo o con el otro?, porque él no admite ni puede aceptar las enemistades ni las separaciones. Por eso le hemos pedido que nos ayude a pasar, a abandonar definitivamente el antiguo pecado: la enemistad, la separación, pasando a la vida nueva: la del amor, el perdón y la amistad.

«Dice Jesús: Os doy una mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros
como yo os he amado».
(Jn 13,33)

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.