PASCUA

 

Ángeles Hernández-Gil Bordallo

  La mañana de la resurrección Jesús se aparece a sus discípulos. Pero es María Magdalena la primera que tiene esa experiencia. Mientras llora  con tristeza delante del sepulcro, dos ángeles la consuelan, al darse da la vuelta ve a jesús de pie, pero no lo reconoce. Cuando Jesús le dirige la palabra y la llama por su nombre, se da cuenta de que es el Maestro; la sorpresa le hace precipitarse, quiere saber, preguntar, sentirse protegida a su lado, demorar su encuentro. Sin embargo Jesús es escueto: “No me retengas, que todavía no he subido al Padre. “Jn-20. Es un tiempo breve y tiene prisa, Su lugar ya no está en la tierra. Pero todavía tiene mucho que hacer. Jesús le dice: “No hay tiempo, ve, corre y dile a la gente lo que has visto”. Jn-20. La mujer obedece y se va a cumplir la voluntad de Cristo.

Es una buena catequesis si pensamos que nuestro testimonio ha de ser constante, inmediato, lleno de entusiasmo. Una firme voluntad de lo que tiene que ser el cristiano, y debe comunicar.

Vivimos en un mundo global avanzado, pero el ser humano se siente cada vez más aislado en medio del caos existencial, con propuestas que se alejan del conocimiento de Dios; donde la vida espiritual de cada persona tiene mucha dificultad para encontrar su espacio. No queremos ser anónimos. Ahora nos dirigimos hacia una soledad que se nutre de todo el sistema virtual creado por el hombre. La sociedad se rige por el estatus, la categoría, el cargo, la dignidad que obliga a cumplir esos compromisos sociales impuestos. Queremos todo: a Dios y también al mundo. Servir a dos señores. A toda costa reivindicamos un lugar cómodo donde desenvolvernos, donde participar de las vanidades y composturas que la vida nos ofrece cada día. La espiritualidad se ha adaptado y relajado. Los valores de generaciones anteriores ya no tienen cabida. La facultad personal de descubrir a Dios se vuelve escéptica y se mueve por una escala de valores muy diferentes.

Pero en nosotros está la voluntad de hacer como María Magdalena, cuando Jesús sale a nuestro encuentro: no perdamos tiempo. Aprovechemos esa oportunidad que nos golpea suavemente, como una leve señal hacia lo que hemos experimentado en nuestra vida.

Vuelvo a recordar las palabras, enseñanzas y homilías del Papa; son transparentes, claras, entendibles para los cristianos de siglo XXI. Y me apoyo  cuando leo que la fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que le quita adhesión a su firmeza. Hay cosas que se comprenden y valoran fuera de esa adhesión que es hermana del amor, Tenemos normas eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa. Tanto San Agustín como Santo Tomás de Aquino están de acuerdo en que esas normas deben exigirse con moderación “para no hacer pesada la vida a los fieles”, y no convertir nuestra religión en una esclavitud.

Más que el temor a equivocarnos espero que nos mueva el temor a  una falsa contención en las normas, que nos vuelven jueces implacables, en costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras fuera hay una multitud hambrienta de necesidades.

Si le cerramos los ojos a Dios podremos vernos solo a nosotros, pero si los abrimos a Dios sentiremos que lo que hagamos será mucho más beneficioso para la sociedad.

Dios nos libera, y nos proporciona una identidad más profunda una humanidad como único horizonte para nuestro futuro. En estos tiempos la Pascua de Dios es generosa y nos indica cómo orientar nuestra existencia. La Luz está ahí y el Camino trazado. Y Dios en Jesús nos anima a continuar.

 

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