LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

P. Ruiz Verdú

Oración colecta
Oh Dios, cuyo Hijo asciende hoy a los cielos en presencia de los apóstoles, concédenos, según su promesa, que permanezca siempre con nosotros en la tierra y que nosotros merezcamos vivir con él en el cielo.

Imaginemos que también nosotros, como los discípulos, nos hemos reunido en torno a Jesús. Ellos, los discípulos, piensan aún en la restauración de la soberanía de Israel. Pero Jesús dirige sus mentes y deseos a otra realidad. Ellos han de esperar a que les envíe el Espíritu Santo y después ponerse en camino para anunciar a todas las gentes todo lo que han vivido con Jesús. Lo que ellos desean es cosa que el Padre realizará a su tiempo.
Jesús ha llevado a cabo la obra que el Padre le encomendó. Es la hora de volver al Padre y en presencia de sus discípulos Jesús asciende a los cielos. La Iglesia conoce la promesa de que estará con ella hasta el fin de los tiempos, y así se lo pide en la oración a Dios Padre. Pero al mismo tiempo, nosotros  le pedimos a Dios, que en su bondad, nos ayude a merecer vivir en el cielo con Jesús. No perdamos la esperanza de llegar. Por eso, de entrada, se nos dice: “Jesús, que os ha dejado para subir al cielo volverá como lo habéis visto marcharse” (Antífona de entrada).

Oración sobre las ofrendas
Acepta las súplicas de tus fieles, Señor, juntamente con estas ofrendas, para que lleguemos a la gloria del cielo mediante esta piadosa celebración.

Las ofrendas de pan y de vino, están sobre el altar. La Iglesia, que las ha recibido de Dios, a Dios se las va a retornar para que Él a su vez nos dé en ellas a su Hijo, el alimento que perdura hasta la vida eterna.
La Iglesia, nosotros, sabemos que no somos dignos. Por lo que a las ofrendas unimos nuestras súplicas en nombre del Señor Jesús. Así llegaremos a la gloria del cielo, donde Jesús ha ido a prepararnos un lugar. Por este motivo celebramos la Eucaristía, que debemos celebrarla piadosamente.
Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos dé espíritu de sabiduría para conocerlo e ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama (de la carta a los Efesios)

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso y eterno, que mientras vivimos aún en la tierra, nos concedes gustar los divinos misterios, te rogamos que el afecto de nuestra piedad cristiana se dirija allí donde nuestra condición humana está contigo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Dirigimos esta oración a Dios Padre; es una invitación a ascender desde la tierra donde vivimos hasta Cristo. Para poder realizar esta ascensión Dios Padre nos ha concedido gustar ya, en el tiempo presente, de los divinos misterios, es decir, del mismo Cristo, en donde están todos los bienes de los que nosotros esperamos gozar. Es la comunión que hace un momento hemos recibido. Ella ha movido nuestro afecto de piedad, nuestro amor y deseo hacia Cristo Jesús, que le contemplamos en su naturaleza humana, ya gloriosa junto al Padre y, al mismo tiempo, contemplamos también el futuro de nuestra condición humana. En los breves minutos de acción de gracias en silencio, oración y contemplación, la fe ilumina nuestra imaginación, dando certeza la fe a lo que la imaginación crea.
Jesús se ha comprometido a estar con nosotros todos los días,
hasta el fin del mundo;
démosle gracias, bendiciendo su Nombre.

 

 

 

 

 

 

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