Adviento

P. Ruiz Verdú OFM

Tiempo de espera y esperanza y de vigilancia atenta porque alguien viene. Y se espera porque se está seguro de que llegará. Es una espera paciente y es espera de amor, cuyo guía es la fe. El Adviento es un tiempo dedicado a preparar un acontecimiento importante o la venida de alguien, cuya presencia es necesaria para la comunidad o para la persona en concreto.

Con el Adviento comenzamos el Año litúrgico. En su principio, el Adviento fue instituido como tiempo de preparación para la segunda venida de Cristo (1er. Domingo) y llamada a la penitencia  (2º domingo, Juan Bautista). En la segunda parte (del 17 al 23 de diciembre), las celebraciones litúrgicas se centran en la preparación inmediata para la celebración-recuerdo del nacimiento de Jesús en Belén. Las celebraciones del Adviento hay que vivirlas con alegría, por lo que podemos definir esta celebración  como espera paciente y alegre de Cristo Jesús, sea como celebración-recuerdo de su nacimiento, sea el encuentro definitivo con Él.

El Adviento litúrgico comprende cuatro semanas aproximadamente. La Palabra de Dios es la luz que nos guía, animándonos a seguir caminando, iluminados por la fe. Las lecturas bíblicas nos ayudan a abrir nuestro corazón al Espíritu de Dios; son como llamadas a vivir la virtud teologal de la esperanza. Con imágenes tomadas de la naturaleza, nos  dicen cuál es el plan salvador de Dios. Podemos decir también que el Adviento es el tiempo litúrgico dedicado a aprender a esperar, convirtiendo nuestra vida en alegre y gozosa esperanza; y es  ayuda a hacer realidad cotidiana el “¡Ven, Señor Jesús!”, de nuestras respuestas litúrgicas

Nuestra vida debe transcurrir en esperanza: el Señor está en y con nosotros y viene para “aumentar” su presencia, si le dejamos entrar.

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